Una tormenta política se desató en el seno del Partido Justicialista tras las fuertes declaraciones de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien acusó a dos gobernadores de su propio espacio de colaborar con la agenda de La Libertad Avanza, liderada por Javier Milei. Osvaldo Jaldo, gobernador de Tucumán, y Raúl Jalil, de Catamarca, fueron los principales apuntados por CFK en un contundente discurso donde los señaló como responsables de «transfuguismo político» al apoyar el veto presidencial al financiamiento universitario.
Según la exmandataria, tanto Jaldo como Jalil han influido en sus respectivos legisladores para que se plieguen a las estrategias de Milei, traicionando así los valores del peronismo. Esta complicidad ha sido fundamental para mantener el veto sobre temas cruciales como la movilidad jubilatoria y el financiamiento universitario, lo que generó un profundo malestar en el ala kirchnerista del PJ.
Cristina destacó la gravedad de la situación al mencionar que, de los 99 diputados que conforman el bloque de Unión por la Patria, 98 cumplieron con el mandato popular, mientras que los legisladores tucumanos y catamarqueños, al servicio de sus gobernadores, decidieron colaborar con Milei, bloqueando una medida que hubiese asegurado el financiamiento para las universidades públicas. «Esta es una traición inaceptable», expresó CFK en sus redes sociales, refiriéndose a la conducta de Fernanda Ávila, diputada de Catamarca que, en lugar de votar en contra del veto, permaneció en su despacho por orden de Jalil.
La exmandataria también criticó duramente a Alberto Arrua, diputado por Misiones, quien se abstuvo de votar junto a otros tres legisladores de su provincia. Según CFK, esa acción fue decisiva para que la oposición no alcanzara los dos tercios necesarios para insistir con la ley que protegía el financiamiento universitario. «Resulta indignante ver a dirigentes del peronismo traicionando los intereses del pueblo», agregó.
Mientras tanto, Jalil intentó disimular su jugada a favor del gobierno al permitir que otros diputados de Catamarca, entre ellos su esposa Silvana Ginocchio, votaran a favor de las universidades públicas. Sin embargo, las críticas ya habían calado hondo, y Cristina Kirchner no dudó en señalar que es necesario «enderezar lo que se ha torcido» dentro del partido.
Las palabras de CFK no solo generaron tensión dentro del PJ, sino que también reavivaron la disputa por la presidencia del partido, donde Cristina se perfila como una de las principales candidatas. No obstante, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, sigue firme en su intención de competir por el liderazgo, lo que augura una dura batalla interna. Mientras tanto, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, se mantiene en silencio, pero la pugna por el control del PJ parece estar lejos de resolverse.
En este clima de alta tensión, las acusaciones de CFK no hacen más que profundizar las divisiones en un partido que busca redefinir su rumbo en medio de una crisis política y social que afecta a todo el país.