La próxima movilización de jubilados y movimientos sociales, programada para el miércoles, se llevará a cabo en un clima de tensión tras las recientes acciones represivas por parte de las fuerzas de seguridad. La protesta está motivada por el rechazo al veto presidencial de la reforma previsional y busca exigir mejoras en los haberes jubilatorios, así como condenar la violencia policial.
La movilización comenzará en las cercanías del Congreso y terminará en Plaza de Mayo, con el fin de destacar el impacto negativo del ajuste fiscal en los jubilados y rechazar la violencia estatal. Los organizadores de la marcha se preparan para enfrentar nuevamente el protocolo de seguridad anunciado por la ministra Patricia Bullrich, que promete una dura represión en caso de cortes de calles.
El vocero presidencial, Manuel Adorni, respaldó el uso de la fuerza por parte de la policía, argumentando que se está actuando conforme al protocolo y advirtiendo que no se tolerarán obstrucciones viales. Esta postura ha generado una respuesta desafiante por parte de los organizadores de la protesta, que denuncian el uso desproporcionado de la fuerza en manifestaciones anteriores.
Nora Biaggio, representante del plenario de organizaciones de jubilados, criticó el intento del gobierno de silenciar a un sector de la población que considera fundamental para su estabilidad financiera. Relató experiencias de represión anteriores, describiendo el uso de gases y golpes por parte de la policía en la última marcha.
A pesar de la represión, los organizadores esperan contar con el apoyo de sindicatos, agrupaciones políticas y centros de estudiantes. También se está instando a la Confederación General del Trabajo (CGT) a sumarse a la protesta, aunque hasta ahora solo ha emitido una declaración en contra de la represión.
La movilización del miércoles servirá como preludio para una marcha nacional programada para el 20 de septiembre, en conmemoración del Día del Jubilado. La Unión de Trabajadores Jubilados en Lucha (UTJL) no solo pedirá la revocación del veto presidencial, sino también un ajuste en los haberes mínimos para que se alineen con el costo real de vida, actualmente estimado en 900 mil pesos. Ana Valverde destacó que la ley vigente no cubre adecuadamente los gastos necesarios, dejando a muchos jubilados en una situación cercana a la indigencia.