La crisis del sector textil argentino se agrava por la falta de intervención estatal y una serie de desafíos estructurales, dejando al sector en una situación crítica y sin una perspectiva clara de recuperación en el corto plazo.
La recesión industrial y textil en Argentina se profundiza con cada día que pasa, exacerbando la crisis del sector y dejando a la vista la falta de intervención gubernamental efectiva. Las estadísticas recientes revelan un panorama sombrío para el sector, con un incremento en los despidos, suspensiones y una caída pronunciada en la producción y el consumo.
En los primeros cinco meses del año, la producción de hilados de algodón descendió un 14%, los tejidos cayeron un 26%, la elaboración de prendas de vestir mermó un 17% y la producción de calzados se redujo en un 18%, comparado con diciembre de 2023, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La situación se ve agravada por la ausencia de políticas públicas efectivas para enfrentar el deterioro de la industria textil, uno de los pilares de la economía nacional.
La reciente salida de Teddy Karagozian, un destacado empresario del sector y dueño de Hilandería TN Platex, del Consejo de Asesores presidenciales, ha puesto en evidencia la gravedad de la situación. La crisis se refleja en la pérdida de alrededor de 5.000 empleos y 10.000 suspensiones, a pesar de que el sector está compuesto principalmente por pequeñas y medianas empresas (pymes) que evitan los despidos debido a las dificultades para capacitar nuevo personal.
Luciano Galfione, presidente de la Fundación Pro-Tejer, expresó su preocupación por la falta de una estrategia gubernamental para revertir la crisis. Según Galfione, la intervención estatal es crucial para desbloquear la situación, ya que la idea de que el mercado se regula por sí mismo no ha demostrado ser efectiva en ningún país. Galfione citó ejemplos internacionales de intervenciones gubernamentales exitosas para proteger industrias locales.
Daniel Schteingart, director del área de Planificación Productiva de Fundar, describió la crisis como una «tormenta perfecta», caracterizada por una recesión generalizada, la apertura económica sin mecanismos compensatorios y una contracción significativa en la industria textil y manufacturera. Schteingart agregó que la caída en el poder adquisitivo de la población y el aumento del desempleo afectan gravemente al sector, que depende en gran medida del mercado interno.
La utilización de la capacidad instalada en la industria textil también se encuentra en niveles históricos bajos. En mayo, solo el 41,4% de la maquinaria y servicios estaban en uso, mientras que en enero se registró uno de los niveles más bajos de la serie histórica, con un 36,7%.
Galfione comparó la crisis actual con la pandemia de COVID-19, destacando que, aunque la crisis de la pandemia fue más severa en términos de paralización, la respuesta del Estado fue rápida y efectiva, lo que permitió una recuperación en seis meses. En contraste, la actual crisis lleva siete meses sin señales de mejora ni asistencia gubernamental.
El alto costo de la ropa en Argentina es otro tema relevante, con investigaciones en curso que sugieren que la protección excesiva del mercado y los altos aranceles contribuyen a precios elevados. Argentina mantiene algunos de los aranceles más altos del mundo para la ropa, un fenómeno que contrasta con la tendencia global hacia la reducción de aranceles en las últimas décadas.