En una escalada de tensiones en Bolivia, el comandante general del Ejército, Juan José Zuñiga, desencadenó una crisis al tomar la sede del Ejecutivo en La Paz, acompañado de tanques y vehículos militares. Esta acción se produjo después de que el presidente Luis Arce alertara sobre «movimientos irregulares» dentro de las fuerzas armadas. En respuesta, Evo Morales convocó a un paro general e instó al bloqueo de caminos para evitar la amenaza a la democracia.
Según informes, la guardia presidencial y manifestantes fueron dispersados con gas pimienta, mientras que el presidente Arce se refugió en el Palacio presidencial junto con su gabinete. Alfredo Serrano Mancilla, analista internacional, describió la situación como un intento de golpe de Estado, destacando que el Palacio Quemado está rodeado por tanquetas y que la Asamblea Plurinacional está bajo control.
Serrano Mancilla subrayó que los instigadores del golpe utilizan la candidatura de Evo Morales como pretexto para sus acciones, aunque carecen del respaldo total de las fuerzas armadas y la policía. En respuesta a la crisis, el presidente Arce hizo un llamado urgente a la defensa de la democracia, instando al pueblo boliviano a movilizarse contra el golpe.
En una declaración transmitida nacionalmente, Arce afirmó: «No podemos permitir que los intentos golpistas cobren vidas bolivianas. Debemos defender la democracia». José Borrell, representante de la Unión Europea, condenó el accionar militar, sumándose a las voces internacionales que observan con preocupación los acontecimientos en Bolivia.
El llamado a la resistencia y la defensa de la democracia resuena mientras Bolivia enfrenta una de las crisis políticas más graves de los últimos tiempos.
El representante de la Unión Europea, Josep Borrell, condenó el accionar militar