Luis Gotte – La trinchera bonaerense
En 1958, el decreto militar 6769 fue impuesto por la dictadura de Rojas-Aramburu al gobernador Oscar Alende y nunca suprimido. El mismo trata sobre la organización de las municipalidades en la provincia de Buenos Ayres y es un impedimento significativo para el desarrollo de un verdadero federalismo y una organización municipal moderna y autónoma.
Este decreto fue implementado por un gobierno militar que buscaba establecer un control centralizado sobre las municipalidades, ¿por qué? No lo sabemos. Sin embargo, este enfoque centralista está en contradicción con los principios de un verdadero federalismo, que debería permitir a las entidades locales mayor autonomía y capacidad de autogobierno.
Se establece un marco rígido que limita la capacidad de los Intendentes para ejercer un gobierno de manera autónoma. Las municipalidades se encuentran atadas a directrices y controles impuestos desde el nivel provincial, impidiendo la creación de políticas locales adaptadas a las necesidades y particularidades de cada comunidad.
A diferencia de lo que sucede en un verdadero federalismo, donde los municipios pueden desarrollar sus propias cartas orgánicas, el decreto 6769 no contempla esta posibilidad como tampoco la Constitución de la provincia. Esto restringe la capacidad de los municipios para definir sus estructuras de gobierno y sus competencias de manera autónoma.
El decreto militar impone una estructura homogénea para los 135 municipios, sin considerar las diferencias locales, económicas y sociales de cada región. Esta falta de flexibilidad frena la innovación en la gestión local y limita la capacidad para desarrollar soluciones creativas a sus problemas específicos. Además, la falta de autonomía y de una organización municipal adaptada a las realidades locales genera una desconexión entre los gobiernos municipales y sus vecinos. Esta situación debilita la participación vecinal y reduce la efectividad de las políticas públicas.
Si el federalismo se basa en la descentralización del poder y la capacidad de las entidades subnacionales para autogobernarse y tomar decisiones que respondan a sus propias necesidades, el decreto militar 6769 va en contra de este espíritu al mantener un control centralizado que desvirtúa la esencia del federalismo. Por lo tanto, si queremos una Provincia Federal, es necesario:
1) Derogar el Decreto militar 6769, que debe ser reemplazado por una legislación de la democracia, que promueva la autonomía municipal y permita a los municipios desarrollar sus propias cartas orgánicas.
2) Promover la Descentralización: es crucial establecer un marco legal que fomente la descentralización del poder, otorgando a los municipios mayor capacidad de autogobierno y gestión de sus recursos.
3) Fomentar la Participación Vecinal, un verdadero federalismo debe garantizar mecanismos efectivos de participación comunal en la toma de decisiones locales, fortaleciendo la democracia y la cohesión social.
En definitiva, este decreto militar de 1958 representa un obstáculo significativo para el desarrollo de un verdadero federalismo en la provincia de Buenos Aires. Su carácter centralista y limitador de la autonomía municipal va en contra de los principios de autogobierno y participación vecinal que son esenciales para una organización política y social moderna y eficiente. Para avanzar hacia un modelo de gobernabilidad que responda a las necesidades del S. XXI, es imperativo reformar este marco legal y promover una mayor autonomía y participación a nivel municipal. Solo así podremos constituir una provincia y una nación más justa, equitativa y verdaderamente federal.
