En medio de una profunda crisis económica, los supermercados grandes en Argentina reportan una caída sin precedentes en las ventas de alimentos, electrodomésticos y textiles. A pesar de una leve desinflación que ha mantenido los precios de los productos alimenticios apenas un 2 por ciento más altos, las ventas se han desplomado a tasas de dos dígitos.
En abril se registró una disminución promedio del 8 por ciento en las ventas de alimentos en supermercados, con sectores como los electrodomésticos experimentando una caída vertiginosa del 50 al 80 por ciento. Los lácteos no se han salvado de esta tendencia, con descensos entre el 12 y el 20 por ciento en sus ventas.
La desoladora situación no se limita a los gigantes del mercado, sino que también afecta a los comercios más pequeños, que advierten sobre posibles cierres debido al impacto de los aumentos en las tarifas de energía.
Un directivo de una multinacional de alimentos describió la situación como un «pozo profundo», señalando que la recesión actual es peor de lo que se esperaba, incluso habiendo recibido un diagnóstico sombrío por parte del Fondo Monetario Internacional de una «híper-recesión».
En contraste con las expectativas del Gobierno, que apuntaban a una baja de la inflación para estimular el consumo, los datos muestran que la actividad económica se está desplomando a niveles alarmantes. En lugar de un aumento en el consumo masivo, se ha observado una caída aún más pronunciada.
Los empresarios del sector retail explican que el problema radica en el hecho de que, si bien los precios de los alimentos han permanecido estables, otros servicios esenciales como la energía, las prepagas, los colegios privados y los combustibles han experimentado aumentos significativos, lo que ha reducido el poder adquisitivo de la clase media y media baja.
El aumento en las tarifas de luz y gas ha exacerbado la situación para los comerciantes, quienes se enfrentan a facturas que se han triplicado e incluso cuadruplicado en algunos casos, sin un aumento proporcional en sus ventas.
En este contexto desafiante, los lácteos han sido especialmente afectados, con una caída del 20 por ciento en las ventas de leche larga vida y del 10 por ciento en la leche fluida, cuya diferencia de precio se sitúa entre 300 y 500 pesos. Los postres infantiles también están experimentando una disminución significativa en las ventas, con descensos de más del 30 por ciento.
Ante esta situación crítica, tanto los grandes hipermercados como los pequeños comercios enfrentan un futuro incierto, con la esperanza de que se tomen medidas urgentes para mitigar los efectos devastadores de esta crisis económica sin precedentes.