El gobierno de Javier Milei anunció hoy la reglamentación de la desregulación de las obras sociales, un movimiento que ha provocado una escalada en la tensión con la Confederación General del Trabajo (CGT). Manuel Adorni, vocero presidencial, informó que esta medida permitirá a los trabajadores derivar sus aportes a una obra social sindical o a una empresa de medicina prepaga, eliminando la obligatoriedad de afiliarse a través del empleo y el sindicato correspondiente.
Desde la perspectiva del gobierno, se presenta como un avance en la libertad de elección para los trabajadores. Sin embargo, con el correr de las horas, la medida ha generado preocupación en el sector de las prepagas. El secretario de Acción Social de la CGT, José Luis Lingeri, advirtió que las empresas de medicina prepaga ahora deberán cumplir con las obligaciones de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), como garantizar el Programa Médico Obligatorio (PMO) y aportar el 20 por ciento al Fondo Solidario de Redistribución (FSR), algo que hasta ahora era responsabilidad principalmente de las obras sociales sindicales.
La reacción en el ámbito gremial ha sido mixta. Adorni destacó que esta medida brindará mayor libertad a los trabajadores, permitiéndoles elegir su cobertura de salud de manera más flexible. Sin embargo, Lingeri señaló que este proceso ya comenzó en los años 90 y que, en realidad, significa el fin de la obligación para los trabajadores recién iniciados de permanecer un año en la obra social del gremio correspondiente.
En cuanto a las implicaciones financieras, Lingeri destacó que las prepagas deberán aportar al FSR, cubrir prestaciones de alto costo y enfermedades específicas como discapacidad, VIH, oncológico, trasplante y diabetes. Además, señaló que para cumplir con el PMO, las obras sociales se financian con el 9 por ciento de los aportes de los trabajadores.
La medida también rompe con el esquema de triangulación, donde las prepagas recibían principalmente a los más jóvenes y saludables, dejando a las obras sociales con poblaciones más costosas de atender. Este cambio ha generado cierto apoyo entre los dirigentes gremiales, aunque algunos han destacado que el problema de fondo es el desfinanciamiento total del sistema de salud.
Al cierre de la jornada, las prepagas expresaron su malestar ante la posibilidad de aumentar las cuotas a sus clientes o recurrir a amparos judiciales para frenar lo que consideran un nuevo impuesto implícito. La tensión entre el Gobierno, la CGT y las empresas de medicina privada promete intensificarse en los próximos días.