En un sorprendente fallo de 22 páginas, la jueza María Eugenia Capuchetti liberó al peluquero de Avellaneda, al jugador de ping pong colombiano y al autodenominado mercenario acusados por la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, de planificar un atentado en Buenos Aires. La historia, que Bullrich había presentado como un espectacular desmantelamiento de una presunta célula terrorista internacional, resultó ser un papelón internacional según lo revelado por la Justicia.
La jueza Capuchetti dictaminó que «no existen» pruebas contra los detenidos, desmontando así el elaborado relato presentado por la ministra. En un fallo que detalla la falta de mérito, la magistrada puso fin al caso y ordenó la liberación inmediata de los acusados: un peluquero de Avellaneda, un jugador de ping pong colombiano y un individuo que se hacía pasar por mercenario y agente de la Embajada de Estados Unidos.
La farsa montada por Bullrich comenzó con una conferencia de prensa el 3 de enero, donde anunció la desarticulación de una supuesta asociación criminal trasnacional que planeaba un atentado en Buenos Aires similar al de la AMIA. Sin embargo, las investigaciones revelaron que las pruebas eran inexistentes, y el caso se derrumbó tras una exhaustiva revisión de 15 días.
La ministra Bullrich había filtrado información a los medios, indicando que tres sirio-libaneses estaban involucrados en el presunto complot. Sin embargo, la realidad era diferente: solo uno de los detenidos tenía origen sirio-libanés, Naem Chatay Chassan, un colombiano que planeaba abrir un gimnasio para enseñar ping pong en Argentina.
El segundo detenido, Juan Manuel Ledesma, apodado «El Rubio», resultó ser un marginal que se hacía pasar por mercenario y periodista. Fue él quien fabricó toda la historia, basándose en información de un amigo conserje del hotel Gran España. El tercer personaje, el peluquero Ramón Alberto Domínguez, fue amenazado con un falso paquete proveniente de Yemen, en un intento de estafa.
La jueza Capuchetti, en su fallo, destacó que los elementos presentados por los acusados eran verídicos y desmontó la farsa. A pesar de la gravedad del caso y la exposición internacional generada, la ministra Bullrich insistió en su espectáculo antiterrorista, recibiendo incluso la felicitación presidencial.
La actuación de Bullrich ha sido fuertemente criticada, no solo por la falta de pruebas en el caso, sino también por el riesgo de desinformación y la utilización política del supuesto complot para justificar la intervención de las Fuerzas Armadas en temas de seguridad. El papelón internacional revela la importancia de manejarse con seriedad y cautela en asuntos relacionados con el terrorismo, incluso cuando la tentación de protagonismo político es alta.