En las calles del barrio Congreso, la expectación crece mientras ciudadanos de a pie se agolpan en largas filas frente al antiguo Salón La Argentina. La razón: un enigmático procedimiento que promete compensaciones económicas a cambio de escanear los ojos. Con temperaturas rozando los 30 grados, jóvenes con atuendos informales esperan pacientemente su turno, atraídos por la posibilidad de ganar dinero extra.
La propagación de esta peculiar actividad es tan misteriosa como el proceso en sí. «No sé bien para qué es y me resulta raro», confiesa uno de los participantes, mientras otro revela cómo se enteró del asunto: «Se dio en cadena. A mi mamá se lo comentó una amiga que ya lo había hecho».
El ritual, que comienza a las 9 a.m. para algunos, culmina con la entrada al edificio estilo art nouveau a las cinco de la tarde. Curiosos conductores disminuyen la velocidad, intentando descifrar qué sucede dentro. La incertidumbre se vuelve aún más intrigante cuando se revela que el proceso involucra el escaneo ocular y la posterior transferencia de dinero digital.
Rubén Menez, residente de Sarandí, comparte su experiencia: «Mi mamá nos invitó a nosotros, que para hacerlo nos tuvimos que bajar la aplicación Word All». Según su relato, el sistema funciona en cadena, donde aquellos que participan reciben compensaciones económicas, y al invitar a más personas, se obtienen monedas digitales valuadas en $2500.
Las gorras, shortcitos de fútbol y ojotas son el distintivo de los participantes que buscan ingresos adicionales para cerrar el año. Mientras tanto, el enigma que rodea al Salón La Argentina y su trámite ocular continúa atrayendo la atención de la comunidad, tejiendo una trama de curiosidad y especulación en las calles del barrio. ¿Qué secreto se oculta detrás de la mirada que paga?