En una nueva embestida contra los derechos de los jubilados, el Gobierno revela sus planes de ajuste y recorte, dejando a los ciudadanos preguntándose si para las altas esferas, todos somos considerados simples «orcos». Detrás de discursos cínicos y medidas aparentemente justificadas, Javier Milei y Luis Caputo preparan el terreno para sumir a los jubilados en una situación precaria.
A pocos días de conmemorar la masacre de 39 personas y 500 heridos en las protestas del 2001, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, derogó un protocolo clave para evitar represiones indiscriminadas, mientras el Gobierno planea eliminar el índice de actualización de las jubilaciones. El ministro de Economía, Luis Caputo, ha tratado de encubrir sus intenciones bajo un velo de cinismo, argumentando aumentos que en realidad significan recortes.
La historia se repite con reminiscencias del menemismo, cuando los jubilados se convirtieron en la vanguardia de la lucha contra las políticas de ajuste. La eliminación del índice dejará en manos del Gobierno la decisión de aumentar o no las jubilaciones, tal como ocurrió durante esa época oscura, donde las plazas se llenaron de pensionados resistiendo la opresión.
La estrategia del Gobierno también incluye medidas que afectan a los trabajadores en general, como la vuelta del impuesto a las ganancias y la extorsión a las provincias mediante la reducción fulminante de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Con una historia de recortes y achiques, el Gobierno busca llevar a las provincias a situaciones extremas para extorsionarlas y obtener respaldo a las medidas de ajuste.
Las primeras catorce medidas de ajuste anunciadas por el ministro de Economía han desilusionado a quienes votaron con la esperanza de un cambio positivo. La inflación persistente, la falta de medidas efectivas y la decepción generalizada han dejado al descubierto las ilusiones creadas por la motosierra de Milei.
El discurso rabioso y excluyente ha calado en sectores de la sociedad, generando una crisis de representación política y una crisis de identidad que se afianza en la detracción del otro. Las burbujas de ilusión creadas durante la campaña electoral han sido desinfladas por la realidad, evidenciando la falta de coherencia entre el discurso agresivo y las medidas concretas.
Con la devaluación del 118 por ciento y un paquete de medidas de ajuste y privatización, el Gobierno de Caputo ha pinchado las burbujas de ilusión de muchos ciudadanos, perjudicando especialmente a los trabajadores y jubilados. La idea mágica de que «mejorará después» suena a ingenuidad en una sociedad que se encamina hacia una realidad donde lo perdido difícilmente se recupere. Para el Gobierno, pareciera que todos somos considerados «orcos», víctimas de sus políticas regresivas y despiadadas.