La masacre del 16 de junio de 1955: Tres vidas entrelazadas que reflejan los desencuentros políticos de Argentina

Estos tres personajes, Natividad López, Néstor Noriega y Mario «Patito» Noriega, representan distintas facetas de la historia argentina y reflejan los profundos desencuentros políticos y sociales que persisten en el país hasta el día de hoy. La masacre del 16 de junio de 1955 fue un evento trágico que dejó cicatrices imborrables y marcó el rumbo de la violencia y la lucha por el poder en Argentina.

En la Plaza de Mayo, el 16 de junio de 1955, se produjo una masacre que dejó una profunda huella en la historia argentina. Tres personajes surgieron de ese trágico evento, representando los desencuentros políticos que el país aún no ha logrado resolver. Natividad López, la joven que perdió su pierna en el bombardeo; Néstor Noriega, el piloto naval que lanzó las bombas; y su sobrino Mario «Patito» Noriega, un montonero que murió en combate veinte años después.

El bombardeo del 16 de junio de 1955 fue perpetrado por oficiales de la Aviación Naval y de la Aeronáutica, respaldados por personalidades civiles y eclesiásticas. Su objetivo era asesinar al entonces presidente Juan Domingo Perón. Una escuadrilla de 30 aviones de guerra bombardeó durante varias horas el centro de Buenos Aires, dejando un saldo trágico de 309 muertos y 800 heridos.

Las bombas cayeron en diversas zonas de la ciudad, incluyendo la Plaza de Mayo, donde Natividad López resultó gravemente herida. En una icónica fotografía, se puede ver a Natividad mirando su pierna destrozada. A pesar de su apariencia adulta en la imagen, solo tenía 18 años y había acudido a Plaza de Mayo en busca de trabajo.

El capitán de fragata Néstor Noriega fue el responsable de comandar el ataque aéreo. Desde su avión naval, lanzó las bombas que impactaron en la ciudad, una de las cuales destruyó el trolebús en el que se encontraba Natividad. Tras el fracaso del golpe, Noriega y los demás pilotos se refugiaron en Uruguay, donde fueron acogidos como héroes. Noriega relata un encuentro con el presidente uruguayo, quien expresó su deseo de ver a Perón muerto.

El odio y la violencia desplegados en ese bombardeo revelan los intereses económicos y políticos que impulsaron el golpe. Los militares implicados, incluido Noriega, actuaron como marionetas de la Sociedad Rural y los intereses extranjeros que buscaban mantener a Argentina bajo su dominio.

El impacto de la masacre del 16 de junio de 1955 fue el punto de partida para la violencia y la resistencia que marcarían las décadas siguientes en Argentina. Muchos de los derrotados por el golpe comprendieron que solo podrían volver al poder mediante la fuerza. Esto dio lugar a intentos de sublevación peronista, guerrillas rurales y finalmente a las organizaciones guerrilleras de los años setenta.

Mario «Patito» Noriega, sobrino de Néstor Noriega, fue uno de los jóvenes que se unió a la lucha armada en ese contexto. Nacido en 1955, cargaba con el peso de su apellido y decidió tomar un camino.

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