«Las leyes solo las respetan los que no saben desobedecerlas» le enrostra un soldado de la tropa del Chacho Peñaloza a un oficial porteño que va a fusilarlo…»Resolvemos nuestras diferencias con sangre y odio, nunca intentamos otro camino. La Patria se construye con amor y alegría» reflexiona para sus adentros el porteño que va a fusilar al soldado del Chacho («La Fusilación» película de Catrano Catrini, 1963).
Las provincias, como Estados Federativos, siempre fueron demasiadas ingenuas, de cierta inocencia trágica, por creer en su hermana mayor que, una y otra vez, las termina traicionando. Buenos Ayre nunca les fue fiel, existe como una de las tantas amantes del Imperio Británico…una ramera errante.
Por eso los reclamos de nuestros pueblos son tan entendibles como comprensibles, el caso de Mendoza, Río Negro, el de San Luis, Córdoba, Corrientes o Salta-Jujuy. Si les dieran a elegir no dudarían en separarse. Duele, pero es la realidad.

Somos una UNIDAD. Entidades federativas unidas a un ente superior, soberano libre e independiente: el Estado Federal; un pueblo libre, caritativo, con historia, cultura y vivencias propias que conforman una comunidad a al que llamamos PATRIA. Por lo tanto, no podemos, no debemos, romper esa unidad bajo ningún pretexto o concepto porque traicionaríamos a nuestros padres y abuelos, a nosotros mismos y a nuestros hijos…y porque es seguirle el juego al enemigo.
Argentina toda es unidad de destino Hispanoamericano.
La Comunidad Argentina nunca fue ideología foránea, ni liberal ni socialista, las que pretenden seducirnos con su arte de encantar revoltosos para satisfacer deseos neocolonialistas. Conocemos perfectamente nuestro camino, aunque la dirigencia política le esté dando la espalda.
Nuestra Argentina sigue descendiendo por los círculos del Infierno del Dante. Y nuestro pueblo está «con cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza» y que solo considera como verdad lo que unas sombras proyectan: la ilusión que nos venden. Como en la Alegoría de la Caverna de Platón.
Es urgente que generemos un acto de “Insubordinación Fundante” (Marcelo Gullo, 2008), rompamos esas cadenas, dejemos los miedos que nos hacen permanecer pegados a la pared que es Buenos Ayres. Existen alternativas para revertir esta situación y que tienen que ver con la forma de organización del poder político. Para ello, primero, empecemos por educar a nuestros jóvenes en la FILOSOFÍA DEL FEDERALISMO.
Promovamos la Teoría del Disenso (Alberto Buela, 2014), impugnando el pensamiento único en disciplinas como las Ciencias Sociales, la Filosofía y la Política, encorsetadas -tanto por derecha como por izquierda- en paralizantes criterios de “corrección política”. De silencios y sumergimientos.
La insubordinación y el disenso que pregonamos no es acto de uno solo o de una vanguardia esclarecida, debe ser una acción asumida por todos, por el conjunto de nuestra comunidad. Porque, siguiendo la alegoría de la Cueva de Platón, si se libera uno o algunos y regresan con una nueva noción de la realidad, los prisioneros que quedaron en la cueva pueden caer en otra falsa ilusión que no entenderán e, incluso, pueden ignorar a quien intente liberarlos con tal de no realizar aquella travesía “liberadora”, por ignorancia o desconocimiento. Los cambios deben realizarse con tiempo y nunca con sangre: si se hacen con sangre, se ahorra tiempo; si se hacen con tiempo, se ahorra sangre. Por eso debemos predicar, predicar, predicar para no derramar sangre en vano.
Eligiendo el tiempo tampoco deberemos ser ni retardatarios ni apresurados. Entre estos dos extremos perniciosos existe uno que es el equilibrio que conforma la acción de una estrategia y de una organización cuyo motor impulsivo es la persuasión. Todo en su medida y armoniosamente.
El poder no se toma o conquista: se acumula. Es una sumatoria de voluntades que comprenden y distinguen hacia dónde van. Ergo, la posibilidad de ejercitar el poder debe llegar hasta el último de nuestros paisanos. Por lo tanto, debe repartirse, que todos sean artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie. “Faber est suae quisque fortunae”, cada uno es el artífice de su propio destino.
La liberación es acción que se realiza con todos y entre todos. Paja, barro y un poco de bosta son elementos necesarios. Hoy, la misma debe pasar por reconstruir nuestra organización federal, y con ella las autonomías de nuestras comunidades (Municipios). Nuestro enemigo es el centralismo, el verticalismo político y el autoritarismo.
En definitiva, no solamente se trata de poner en marcha una idea federal para que ella sea difundida, también impulsar la fuerza motriz necesaria para que esa idea sea realizable, que es lo que interesa: fortalecer la herramienta política, el Partido Político, como alternativa, única y posible, para resolver las dos reales crisis -crónicas- de nuestra Patria: la organización y la unidad.
La escena del oficial porteño llevando al patíbulo al soldado de Peñaloza para ser fusilado, por orden del gobierno central, parece no tener fin, se repite una y otra vez. Buenos Ayres manda y nuestras provincias siguen obedeciendo.
Aquél oficial, a sabiendas que era un acto de injusticia lo que iba a cometer y que le remordería la conciencia el resto de su vida, tampoco se animaba a no cumplir dicha orden para dejarlo en libertad junto a su mujer y pequeño hijo. No tuvo valor para insubordinarse ante un acto de injusticia, solo para cerrar los ojos y dar la orden: ¡fuego! No se fusila a un hombre, se asesinaba al federalismo.
Luis Gotte
la trinchera federal