Se está percibiendo mucho enfado e irritación en los Estados Federales Provinciales. ¡Ojo!, no nos confundamos, no es la gente sectorizada o sectarizada la que manifiesta enojos; no es la derecha, la oligarquía o el anti-peronismo. No simplifiquemos, no es matemática.
Las provincias son mancilladas y ultrajadas. Ellas se saben anteriores al Estado Argentino, con su historial de heroísmos y sacrificios, no por su lucha contra la madre España, sino contra el centralismo portuario. Son historia y presente, alma y sangre. Conciencia de pueblo y sentido de pertenencia. Situación que va más allá de las ideologías o de cualquier dirigencia política. Se sienten irrespetadas y destratadas, por ese poder que no ha cambiado en absoluto. De un poder central que ha convertido en letra muerta el Art. 1 de la Constitución del Estado Argentino, que manda a organizarnos federalmente.
Quien ama sinceramente a su provincia va más allá de las ideologías y posiciones políticas, incluso, clasistas. El arraigo los junta a todos para hacerse oír contra la prepotencia del ideario rivadaviano.

Cada provincia tiene sus propias particularidades, que no comprende ni distingue la progresía capitalina y conurbanense, que reclama obediencia. Estos sectores, liderados por el internacionalismo Camporista, no aprecia el brioso latido de nuestros paisanos, que los ve como retrógrados y conservadores, resabios de un patriarcalismo machista y binario. De chuzas, tacuaras y ponchos a la deconstrucción empática.
Este escenario, balcánico o volcánico, nos está llevando a situaciones impensadas, que no llegará a buen puerto. La Provincia Bonaerense vive una suerte de “purgatorio”, no está en ningún lugar, no llega a ninguna parte. No logra organizarse. Desde Mendoza, Cornejo grita ¡soberanía, ya!; Córdoba y Santa Fe hacen de “la suya”; el norte argentino se cree el norte europeo, cree vivir sin Buenos Ayres. La Patagonia es de quien ponga más dinero (Lewis y su aeropuerto chubutense), o del que grite más fuerte “esta tierra es mía” (el mapuchismo británico), el litoral dice que tiene “payé” y alcanza…Los gobernadores desfilan para besarle la mano del que está sentado en el Sillón de Rivadavia. Senadores y Diputados Nacionales olvidan la naturaleza de sus investiduras, solo representan al Poder.
La Provincia, la comunidad provinciana, conjunto de paisanos que viviendo sobre un territorio comparten valores y vivencias. Historias, creencias, mitos y leyendas. De hijos que enorgullecen, los que ofrendaron sus vidas y de los que dieron grandeza. Que aprendieron a cuidarse unos con otros, a ser solidarios y caritativos. A compartir los mismos conceptos, cristianos y humanistas. Son pueblo. Todo esto le es extraño y desconocido a Buenos Ayres, importadora de espejitos de colores, de ilusiones que terminan desgarrando la carne y el alma.
Gobiernos que apelan a la soberanía del pueblo y menosprecian las normas de la Constitución Nacional; una conducción política desorganizada, que se ha mostrado inoperante, con los aparatos del Estado centralizados y burocratizados, sin orientación definida, nos está llevado a una profunda fractura del tejido comunitario, en permanente tensión y deseos insatisfechos. Enfrentamos la peor crisis de valores que recuerde la memoria de nuestro pueblo. La muerte del hombre argentino. Nos lo había dicho Castellani, lo preanunciaron Arlt y Marechal.
¿Qué hacer? Generar nuevos patrones y códigos de cultura política y de comportamientos éticos y morales. REFEDERALIZAR, un nuevo y perdurable acuerdo de convivencia entre las provincias y el Gobierno Nacional. Un compromiso de LEALTAD federal para mantener unida a la Nación Argentina. Refortalecer el orgullo de cada provincia, las que lideraron portentosos procesos históricos, cuna de los ideales que cimentaron sus autonomías, base del federalismo. Generadoras de grandes hombres que estuvieron a la altura de las exigencias de los tiempos históricos que les tocó vivir. Que enfrentaron al poder británico que intentó cambiar sus cosmovisiones. Recuperemos la memoria y recuperaremos la Patria.
El soberano es la comunidad no el Estado o gobierno alguno. Somos hijos de una tierra de sobrevivientes, tercos, rebeldes e insumisos, empeñados y empecinados en reparar este desamparo a las que han sido sometidas nuestras provincias federales por un centralismo político que solo mira su ombligo.
Que las ideologías queden en Europa, en sus propios laboratorios. Nosotros, FEDERALES.
LuisGotte.com
La trinchera federal