Ángela Baudrix y Manuel Dorrego : Una historia de amor intensa y trágica

La relación de ambos surgió desde muy jóvenes, Angela con 16 años y Dorrego con 28. Pese a la oposición del padre de Angela, en 1815 los jóvenes se casaron. 

El joven Dorrego había abrazado los ideales revolucionarios desde muy temprano y Angela, que apoyaba las ideas de su esposo, corregía los textos que Dorrego escribía para La Crónica Argentina, un diario de tendencia federal y opositor al Directorio y sus políticas centralistas.

En 1817 la oposición le costó a Dorrego ser licenciado del Ejército Libertador por indisciplina y cuando estaba por ir a Cuyo al frente de su regimiento, ser arrestado y desterrado en los EE.UU.

Manuel Dorrego

Angela tuvo el coraje de escribirle una carta al Directorio y protestar por la suerte de su marido “uno de los más ardientes defensores de la patria”, aunque fue inútil el esfuerzo. 

Cuatro años estuvo Dorrego en Baltimore, durante los cuales Angela sólo contó con el apoyo de su familia.

El regreso fue glorioso, el coronel se transformó en uno de los hombres más relevantes del partido federal porteño. Querido por los sectores populares, lo apodaron “padrecito de los pobres”. Tras la renuncia de Rivadavia fue nombrado gobernador de la Provincia de Buenos Aires.

Esos fueron sin dudas los mejores años en la vida de Angela y Dorrego, ya que pudieron compartir sus días y noches, y criar juntos a sus dos hijas.

Pese a ello, las diferencias y conflictos entre el coronel y los unitarios eran irreconciliables. Lo que se profundizó cuando el general Juan Lavalle, al frente de un grupo de hombres, lo derrocó y luego, en diciembre de 1828, lo mandó a fusilar.

A Dorrego le permitieron escribir apresuradamente una carta para su esposa, poco antes de ser fusilado, en la misma decía: “Mi querida Angelita. Me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué. Perdono a mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí. Mi vida: Educa a esas amables criaturas: sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía del desgraciado”.

Pese a que a le correspondían ayudas del estado como viuda de un coronel del Ejército y como esposa de un gobernador, a Angela le negaron los dos beneficios. La mujer tampoco tenía los bienes heredados, así que para ella y sus hijas vinieron tiempos de apremios y miserias.

Angela Baudrix

Pero esto no iba a doblegar a Ángela, quien continuó reclamando lo que le correspondía. Mientras tanto, ella como sus hijas se emplearon como costureras en la ropería de Simón Pereyra, proveedor del Ejército, empleo que le consiguió Juan Manuel de Rosas mientras se tramitaba su pensión. Una de sus hijas nunca se casó, y desde el día del fusilamiento de su padre, siempre vistió de luto. Finalmente en 1845 sus reclamos vieron frutos cuando Rosas autorizó el pago de la pensión.

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