Un dia como hoy, 10 de noviembre, allá por el año 1985, una gran sudestada terminó de romper la frágil resistencia que ofrecía el inmenso terraplén de contención y las aguas comenzaron a avanzar sobre la Villa Epecuén.

En ese momento fue el comienzo del fin, y en las horas siguientes comenzaría la odisea de los 1.500 pobladores desde el balneario hacia Carhué, escapando de las aguas que llevarían a una tragedia inminente.
El gobierno de Adolfo Alsina dispondría mediante decreto la orden de que no debía quedar nadie en la localidad. No fue tarea fácil sacar a los pobladores de sus casas, a muchos hubo que obligarlos a irse cuando el agua ya tenía una altura considerable.

La terrible desesperación de aquellos vecinos por no dejar atrás sus hogares se mezclaba con la necesidad de llevarse todo, y cuanto antes.
En cuestión de un momento la laguna ya había tomado las calles, viviendas, hoteles y comercios. Muchos se movilizaban en botes para seguir intentando salvar sus pertenencias, rompiendo paredes y techos para ingresar.
Varios días después, el agua continuaba subiendo en forma descontrolada, muchas edificaciones ya se encontraban deterioradas, porque habían sido rotas a mazazos.

Hoy sólo quedan las ruinas de lo que alguna vez fue Villa Epecuén, sólo quedan los escombros y partes sumamente deterioradas de los edificios y viviendas, pueden verse troncos secos de los árboles. Pese a que ya no queda nada, el sector continúa siendo una atracción para aquellos viajeros curiosos que buscan conocer un poco acerca de lo que supo ser alguna vez Epecuén y como terminó en ruinas.