El Ejército de Lula y la lección para el peronismo: nacionalismo con WhatsApp

Con más de 10 millones de adherentes en 17 días, el canal creado por el diputado André Janones se convirtió en el corazón de la remontada del oficialismo brasileño y reabre el debate sobre cómo las fuerzas populares deben apropiarse de las herramientas de la modernidad.

El fenómeno que redefinió la carrera presidencial en Brasil no se gestó en un comité partidario tradicional, sino en la pantalla de millones de celulares. A contramano de los pronósticos que lo daban golpeado tras la primera vuelta, Luiz Inácio Lula da Silva encontró en la militancia digital el motor para su recuperación.

El dato central de la jornada es contundente: el canal de WhatsApp denominado «Ejército de Lula» superó los 10 millones de seguidores y se consolidó como la principal herramienta de movilización de la campaña de reelección.

El espacio fue creado el 5 de octubre, apenas un día después de que el mandatario quedara por debajo del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro por poco más de dos millones de votos. Al cierre de esa primera vuelta contaba con apenas 60 mil integrantes. En los 17 días siguientes explotó hasta superar los diez millones.

Esa cifra no es anecdótica. Con ese volumen, se ubicó como el segundo canal más grande de WhatsApp en todo Brasil, solo por detrás del canal «Paquete de figuritas» y por encima de corporaciones globales como Netflix. Para dimensionar la asimetría, el canal de su rival directo, la «Tropa do Flávio», apenas supera los dos millones de miembros.

El artífice de la operación es un nombre que hasta hace semanas era poco conocido fuera del nordeste: el diputado federal André Janones (Rede-MG), a quien en el comando de campaña ya definen como el arquitecto digital de la victoria. Janones entendió que la disputa no era solo territorial sino narrativa.

La mecánica que impuso rompió con la liturgia de la comunicación política clásica. Bajo la consigna directa de «¡Gente, urgente!», enviaba audios y videos cortos con «misiones» concretas: viralizar un contenido, salir a responder en bloque un ataque de la oposición, ocupar una tendencia. No era un newsletter. Era un centro de comando para la acción distribuida.

El propio Lula hizo suya la metáfora en su cierre en Río de Janeiro. Ante miles de militantes, agradeció la movilización en calles y redes y lanzó: «Tengo un ejército mayor que el chino y el estadounidense, que es el ejército de Lula».

El caso incluso protagonizó una nueva disputa judicial a 48 horas del balotaje, cuando su alcance masivo fue cuestionado ante la justicia electoral. Una prueba más de que allí se estaba jugando el partido decisivo.

Aquí aparece el punto que interpela de lleno a la Argentina. Una cosa no quita lo otro.

Se puede -se debe- reivindicar proyectos, ideas y esperanza. Se puede sostener un nacionalismo entendido como defensa irrestricta de los intereses de las mayorías. Y al mismo tiempo, se debe usar sin complejos los instrumentos de la modernidad.

El peronismo en particular ha dado muestras históricas de esa dualidad: doctrina y aggiornamento, base obrera y vanguardia comunicacional. La experiencia brasileña demuestra que la batalla cultural no se gana solo con territorio, sino con velocidad, capilaridad y organización digital.

Mientras algunos espacios progresistas aún discuten si WhatsApp es un territorio válido o una herramienta «impura», Janones construyó en dos semanas y media una estructura más grande que cualquier aparato partidario tradicional de América Latina. No reemplazó la militancia: la potenció. No sustituyó la calle: la amplificó.

La lección es clara: no hay contradicción entre defensa de lo nacional y dominio de lo digital. Al contrario, en 2026, no dominar lo digital es entregar lo nacional.

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