La propuesta de Joaquín De la Torre de separar al Conurbano de la Provincia de Buenos Aires reabre una discusión profundamente política sobre el futuro bonaerense. Frente a una iniciativa que plantea dividir y transferir responsabilidades a Nación, surge una alternativa basada en la integración: el proyecto del exdiputado Miguel Saredi, que propone trasladar la capital al interior y fortalecer las ciudades intermedias como polos de producción, empleo y desarrollo, para desconcentrar el AMBA sin abandonar ni fragmentar a millones de bonaerenses.
El proyecto de Joaquín De la Torre propone sacar al Conurbano de la órbita de la Provincia de Buenos Aires y convertir a sus municipios en distritos federales. Frente a esa iniciativa, aparece una alternativa de sentido completamente diferente: descentralizar el poder, trasladar la capital bonaerense al interior y fortalecer las ciudades intermedias como motores de integración, producción y crecimiento.
La discusión sobre el futuro de la Provincia de Buenos Aires volvió a instalarse en el centro de la agenda política. Pero detrás de la propuesta de separar al Conurbano bonaerense del resto del territorio aparece una pregunta mucho más profunda: ¿la solución a los problemas estructurales de la Provincia consiste en dividirla o en cambiar el modelo de desarrollo que la llevó a concentrar población, recursos y poder en el área metropolitana?
El exsenador bonaerense Joaquín De la Torre impulsa un proyecto que propone separar al Conurbano de la Provincia y transformar a 27 municipios en distritos federales vinculados directamente con el Estado nacional. La iniciativa contempla eliminar el Gobierno provincial en esos territorios, retirar la Policía Bonaerense, avanzar con fuerzas federales y modificar el esquema tributario, entre otras transformaciones.
El propio De la Torre sintetizó su posición con una frase que abrió un fuerte debate político: “Los que viven en el Conurbano nada tienen que ver con el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Hay que separar al Conurbano de la Provincia”.
La pregunta inevitable es qué hay detrás de esa propuesta.
¿Una solución para los bonaerenses o una herramienta contra el poder provincial?
El principal cuestionamiento político que genera el proyecto es que la separación territorial parece presentarse como una solución administrativa cuando, en realidad, puede ser interpretada como una estrategia de enorme impacto político.
Porque una cosa es discutir seriamente cómo mejorar la seguridad, la salud, el transporte, la infraestructura, la educación y la calidad de vida de los millones de bonaerenses que viven en el Conurbano. Y otra muy diferente es concluir que la respuesta consiste en sacar a esos ciudadanos de la Provincia de Buenos Aires.
El problema es que cambiar la jurisdicción no elimina automáticamente los problemas.
¿Acaso porque un municipio deje de depender de la Provincia y pase a tener una relación directa con Nación desaparecerán la inseguridad, el déficit habitacional, la falta de infraestructura, los problemas de transporte, la pobreza o la informalidad laboral?
La respuesta no puede reducirse a un cambio de dependencia política.
El proyecto plantea que los 27 municipios pasarían a convertirse en distritos federales y que Nación asumiría nuevas responsabilidades. Incluso contempla que los recursos que hoy circulan entre municipios y Provincia pasen por el Estado nacional, que debería garantizar fondos para áreas como educación y seguridad.
Pero eso abre otra pregunta fundamental: ¿por qué debería suponerse que un Estado nacional que hoy tiene dificultades para resolver problemas estructurales en todo el país podrá solucionarlos simplemente incorporando bajo su órbita a más de doce millones de bonaerenses?
La discusión merece mucho más que una consigna electoral.
El riesgo de convertir al Conurbano en el problema
El Conurbano no puede ser presentado únicamente como una carga para la Provincia.
Allí viven millones de bonaerenses. Allí trabajan millones de argentinos. Allí están algunas de las principales industrias, universidades, centros comerciales, hospitales, empresas, trabajadores y polos productivos del país.
Por eso, separar no necesariamente significa solucionar.
La Provincia tiene problemas profundos, pero la salida no debería ser declarar que una parte de su población es incompatible con el resto del territorio.
El desafío debería ser exactamente el contrario: integrar aquello que hoy está fragmentado y desarrollar aquello que durante décadas quedó relegado.
Y allí aparece una propuesta que apunta en una dirección diferente.
Saredi: cambiar la lógica, no destruir la Provincia
El exdiputado nacional Miguel Saredi, junto al ensayista Luis Gotte, viene planteando otra alternativa para reorganizar territorialmente la Provincia de Buenos Aires: trasladar la capital administrativa desde La Plata hacia Junín y descentralizar el poder político, económico y administrativo hacia el interior.
La diferencia conceptual es enorme.
Mientras el proyecto de De la Torre propone retirar al Conurbano de la Provincia, el planteo de Saredi busca modificar el funcionamiento de la Provincia sin romper su integración territorial.
La propuesta sostiene que Junín podría convertirse en la nueva capital administrativa, mientras La Plata conservaría un papel central como polo educativo y cultural y Mar del Plata reforzaría su perfil turístico e industrial. Al mismo tiempo, se plantea fortalecer un eje conformado por Junín, Tandil y Bahía Blanca, articulado con numerosas ciudades intermedias.
El objetivo no es abandonar al Conurbano.
Es descomprimirlo.
No se trata de expulsar población ni de cortar vínculos institucionales.
Se trata de generar alternativas de crecimiento para que vivir, estudiar, trabajar, producir y formar una familia en el interior bonaerense vuelva a ser una posibilidad real.
Las ciudades intermedias como respuesta a la concentración
Este es quizás el punto más importante de la propuesta de Saredi.
Frente a una Provincia históricamente concentrada alrededor del AMBA, las ciudades intermedias pueden convertirse en verdaderos motores de desarrollo.
Junín, Tandil, Bahía Blanca, Mar del Plata, Olavarría, Trenque Lauquen, Chivilcoy, Necochea, Azul, Bolívar, 9 de Julio, Chacabuco y Lincoln, entre otras, poseen capacidades productivas, educativas, industriales, agroalimentarias y tecnológicas que podrían ser potenciadas mediante políticas de infraestructura, conectividad, empleo e inversión.
La lógica es sencilla: si todo el crecimiento se concentra en el Conurbano, el Conurbano seguirá creciendo hasta niveles difíciles de sostener y el interior seguirá perdiendo población.
Por eso la respuesta no debería ser destruir el Conurbano ni desprenderlo de la Provincia.
La respuesta debería ser generar otros centros de crecimiento.
De una Provincia hiperconcentrada a una Provincia policéntrica
El planteo de Saredi introduce una discusión que excede ampliamente el nombre de una nueva capital.
Lo que está en juego es el modelo territorial de la Provincia.
Una Provincia en la que no exista un único centro de poder, sino una red de ciudades capaces de complementarse.
Una Provincia donde La Plata pueda ser un gran polo educativo y cultural sin concentrar todas las decisiones.
Una Provincia donde Mar del Plata pueda consolidarse como referencia turística e industrial.
Una Provincia donde Bahía Blanca pueda desarrollar plenamente su potencial productivo, energético y portuario.
Una Provincia donde Tandil, Junín, Olavarría, Trenque Lauquen, Chivilcoy y tantas otras ciudades puedan convertirse en polos de innovación, producción, servicios y empleo.
Y, fundamentalmente, una Provincia donde el Conurbano pueda crecer sin seguir soportando una concentración demográfica que genera enormes tensiones sociales, ambientales y de infraestructura.
El proyecto de Saredi y Gotte parte precisamente de ese diagnóstico: mientras el Conurbano enfrenta problemas derivados de la concentración poblacional, numerosas localidades del interior padecen despoblamiento y pérdida de oportunidades.
¿Separar o integrar?
La discusión, entonces, puede resumirse en dos modelos.
Uno plantea que frente al peso demográfico y político del Conurbano la solución es separarlo de la Provincia y llevarlo directamente a la órbita nacional.
El otro plantea que frente a la concentración territorial hay que descentralizar, federalizar y desarrollar el conjunto de la Provincia.
No es una diferencia menor.
Es una diferencia de concepción política.
Porque una Provincia con problemas no necesariamente necesita ser dividida. Puede necesitar ser reorganizada.
Una Provincia con un Conurbano superpoblado no necesariamente necesita desprenderse del Conurbano. Puede necesitar crear condiciones para que millones de argentinos puedan encontrar oportunidades en otros lugares.
Y una Provincia con un interior despoblado no necesita resignarse a esa realidad. Puede convertir sus ciudades intermedias en protagonistas de una nueva etapa productiva.
El debate que debería darse
La discusión bonaerense debería abandonar las soluciones mágicas.
No alcanza con cambiar jurisdicciones.
No alcanza con cambiar funcionarios.
No alcanza con modificar el mapa político.
Y tampoco alcanza con trasladar responsabilidades de un Estado a otro.
La verdadera discusión debería ser cómo producir más, generar empleo, mejorar la infraestructura, descentralizar oportunidades, fortalecer los municipios y garantizar que cada región de la Provincia tenga posibilidades concretas de crecimiento.
En ese sentido, la propuesta de trasladar la capital a Junín y construir una red de ciudades intermedias presenta una concepción diferente: no plantea que una parte de Buenos Aires sea el problema, sino que busca que el conjunto del territorio tenga más oportunidades.
Porque el futuro de Buenos Aires no debería construirse sobre la idea de que unos bonaerenses sobran para que otros puedan progresar.
Debería construirse sobre una idea mucho más ambiciosa:
que el Conurbano pueda desarrollarse, que el interior pueda crecer y que ambos formen parte de una Provincia más equilibrada, integrada y federal.
La discusión no debería ser cómo destruir la Provincia para quitarle poder a un gobierno de turno.
La discusión debería ser cómo transformar la Provincia para mejorar la vida de sus habitantes, independientemente de quién gobierne.
Ese es el verdadero debate que Buenos Aires todavía tiene pendiente.