Trump agita al mundo al presentar al estrecho de Ormuz como “nuevo territorio” de Estados Unidos

El presidente estadounidense elevó nuevamente la tensión con Irán al difundir un mapa que identifica al estratégico paso marítimo como territorio norteamericano. La disputa amenaza con profundizar la incertidumbre sobre el suministro energético mundial y ya impacta en el precio del petróleo.

La disputa entre Estados Unidos e Irán sumó una nueva y controvertida dimensión luego de que Donald Trump difundiera un mapa en el que el estrecho de Ormuz aparece identificado como un supuesto “nuevo territorio” estadounidense. La publicación se produjo después de que el mandatario anticipara que pretendía declarar al estratégico corredor marítimo como parte de Estados Unidos una vez finalizado el conflicto con Teherán.

La precisión resulta importante: Trump no concretó mediante un acto jurídico conocido una anexión formal del estrecho. Lo que hizo fue plantear públicamente esa intención y posteriormente compartir una representación cartográfica que mostraba la zona como territorio de Estados Unidos. La iniciativa generó una inmediata reacción iraní y elevó todavía más la tensión en una región considerada clave para la seguridad energética mundial.

Una vía estratégica para el petróleo y el gas

El estrecho de Ormuz se encuentra entre Irán y Omán y comunica el golfo Pérsico con el golfo de Omán y, desde allí, con el océano Índico. Su importancia económica es enorme: durante 2024 circularon por esa vía alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo, equivalentes aproximadamente a una quinta parte del consumo mundial de líquidos derivados del petróleo. Además, cerca del 20% del comercio mundial de gas natural licuado pasó por el estrecho ese mismo año.

Por esa razón, cualquier interrupción prolongada del tránsito marítimo tiene capacidad para alterar los precios internacionales, incrementar los costos de transporte y generar nuevas presiones inflacionarias en distintas economías.

En las últimas jornadas, precisamente, los mercados energéticos volvieron a reaccionar ante la incertidumbre. Este miércoles 19 de agosto, el Brent llegó a negociarse alrededor de 91,20 dólares por barril, mientras que el petróleo estadounidense WTI alcanzó aproximadamente los 85,10 dólares. Ambos valores se ubicaron en máximos de varias semanas.

Una disputa por el control del estrecho

Trump sostiene que Estados Unidos posee actualmente una capacidad de control sobre el corredor marítimo mediante su despliegue naval y el bloqueo impuesto en el marco del conflicto con Irán. En declaraciones anteriores, el mandatario había afirmado que Washington decidía qué embarcaciones podían atravesar la zona y había anticipado que mantendría esa capacidad.

Teherán rechaza categóricamente esa interpretación. Funcionarios iraníes sostienen que el estrecho permanece bajo control de Irán y que ninguna declaración estadounidense puede modificar por sí misma su situación jurídica o territorial. La respuesta iraní también incluyó advertencias de que el paso no será reabierto en los términos reclamados por Washington.

El enfrentamiento se desarrolla además en un contexto de guerra y de negociaciones estancadas. Estados Unidos e Irán habían alcanzado previamente acuerdos destinados a contener las hostilidades, pero las conversaciones posteriores quedaron bloqueadas por diferencias vinculadas, entre otros puntos, con las garantías de seguridad, las sanciones y la libertad de navegación.

El impacto ya alcanza a los mercados internacionales

La incertidumbre alrededor de Ormuz no se limita al ámbito militar. Los inversores observan con preocupación el riesgo de que una interrupción prolongada reduzca aún más la disponibilidad de petróleo y gas en los mercados internacionales.

La cotización del Brent cerró el martes en torno a los 91 dólares y volvió a acercarse a ese nivel durante la jornada del miércoles. Analistas del mercado energético consideran que la posibilidad de que el tránsito permanezca limitado mantiene incorporada una elevada prima de riesgo geopolítico en el precio del crudo.

La situación también repercute sobre otros mercados. Las crecientes expectativas de una prolongación de la crisis energética alimentaron preocupaciones sobre inflación y tasas de interés, mientras los mercados de bonos registraron fuertes movimientos en Estados Unidos, Europa y Japón.

Un escenario que preocupa a los principales importadores

El problema adquiere una dimensión global porque buena parte de los hidrocarburos que atraviesan Ormuz tiene como destino los mercados asiáticos. China, India, Japón y Corea del Sur figuran entre los principales compradores de petróleo y gas procedentes de la región.

Aunque existen algunas rutas alternativas mediante oleoductos, su capacidad es limitada frente al volumen que normalmente atraviesa el estrecho. La Administración de Información Energética de Estados Unidos estima que las alternativas disponibles podrían sustituir solo una parte del flujo habitual.

Por ese motivo, una interrupción prolongada podría traducirse en mayores costos para las compañías navieras, dificultades de abastecimiento y nuevas subas en los combustibles en distintos países.

Una nueva escalada en el enfrentamiento con Irán

La decisión política anunciada por Trump también representa una fuerte señal hacia Irán y hacia los países que mantienen vínculos estratégicos con Teherán. La Casa Blanca viene sosteniendo una política de máxima presión económica y militar sobre el gobierno iraní, mientras el régimen de Teherán insiste en que no aceptará condiciones que considere una rendición.

La tensión se agravó además después de que Trump descartara públicamente la existencia de negociaciones inmediatas con Irán. Al mismo tiempo, distintos actores regionales continúan buscando mecanismos para mantener abierto el tránsito marítimo y evitar una expansión todavía mayor del conflicto.

En este escenario, el estrecho de Ormuz dejó de ser únicamente un punto estratégico de la geografía energética mundial para convertirse en uno de los principales focos de confrontación entre Washington y Teherán.

La evolución de la disputa será seguida de cerca por los gobiernos y los mercados internacionales. Cualquier modificación en las condiciones de navegación podría repercutir rápidamente sobre el petróleo, el gas, el transporte marítimo, la inflación y el costo de la energía a nivel global.

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