Alerta vial en Argentina: casi siete de cada diez rutas nacionales presentan deterioro crítico

Un informe de la Federación del Personal de Vialidad Nacional advierte sobre el avance del deterioro en la red vial, el aumento de la siniestralidad y el impacto directo en la seguridad y la economía. Señalan subejecución presupuestaria y abandono del mantenimiento.

Circular hoy por gran parte de las rutas nacionales argentinas implica un riesgo creciente. Baches profundos, señalización deficiente y pavimentos degradados se repiten a lo largo del país y convierten cada viaje en una experiencia peligrosa. De acuerdo con un relevamiento de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA), entre el 65% y el 70% de los caminos bajo jurisdicción nacional se encuentran en condiciones regulares o malas, un escenario que compromete tanto la seguridad vial como la logística productiva.

La advertencia surge a partir de las conclusiones del Foro Regional Corredor Ruta Nacional 151 – Región Vaca Muerta Norte, un espacio que reunió a autoridades provinciales y municipales, representantes sindicales, cámaras empresariales, sectores productivos y vecinos de La Pampa, Neuquén y Río Negro. Todos ellos coincidieron en señalar el grave deterioro de la traza y sus consecuencias cotidianas para quienes dependen de esos corredores.

Emergencia vial y aumento de víctimas

El documento elaborado tras el encuentro lleva por título “Desmantelamiento institucional y Emergencia Vial” y pone el foco en la falta de mantenimiento preventivo como uno de los principales factores del incremento de los siniestros. Según el informe, la cantidad de víctimas fatales en rutas creció un 14% interanual, alcanzando las 4.369 muertes.

FEPEVINA detalla que el deterioro de la infraestructura no es un fenómeno aislado ni repentino, sino el resultado de la ausencia de obras de construcción, reconstrucción, conservación y mantenimiento. El desgaste se manifiesta en calzadas, banquinas, márgenes laterales, cunetas de desagüe, señalización horizontal y vertical, iluminación y puentes. Al no intervenir a tiempo, el daño se vuelve acumulativo hasta derivar en fallas parciales o totales de la estructura vial.

Presupuesto subejecutado y retiro del Estado

El informe también cuestiona la política de inversión reciente. Según la federación, durante 2024 y 2025 se ejecutó solo cerca de la mitad del presupuesto previsto para el área, lo que aceleró el deterioro de las rutas. Entre las consecuencias se mencionan la reducción de la velocidad media de circulación, el encarecimiento de los costos logísticos para las empresas de transporte y un nuevo aumento de la siniestralidad.

Desde la entidad gremial remarcan que “persistir en este rumbo no es ajuste, sino el abandono del Estado en una de sus funciones esenciales”, en referencia al rol de garantizar infraestructura segura para la circulación y el desarrollo económico.

Cómo se mide el estado de las rutas

El relevamiento se apoya en el denominado Índice de Estado (IE), un indicador técnico que evalúa variables como rugosidad, ahuellamiento, fisuración, desprendimientos y rotura de bordes del pavimento. La escala va de 0 a 10: valores entre 0 y 5 indican mal estado; de 5 a 7, condición regular; y de 7 a 10, buen estado.

De acuerdo con las proyecciones de FEPEVINA, la mayoría de la red nacional se ubica en los rangos más bajos de la escala. Además, el informe advierte que la falta de información oficial completa impidió realizar mediciones en más del 50% de las rutas, lo que podría incluso subestimar la gravedad del problema.

Los corredores más comprometidos

El relevamiento identifica varios tramos con deterioro acelerado, denuncias de emergencia vial y presentaciones judiciales de usuarios:

  • Ruta Nacional 33 (Buenos Aires–Santa Fe): uno de los casos más críticos. Conecta los puertos de Bahía Blanca y Rosario, pero presenta fallas estructurales severas. Los parches no resisten el tránsito pesado de la cosecha y duran menos de seis meses.
  • Ruta Nacional 151 (Río Negro–La Pampa): clave para la actividad en Vaca Muerta. Su estado es calificado como de abandono total, con baches de gran tamaño que obligan a circular por la banquina. Requiere reconstrucción integral.
  • Ruta Nacional 35 y corredores patagónicos: tramos con pavimento desgranado y pérdida de áridos.
  • Ruta Nacional 121 (Corrientes): acceso al puente Santo Tomé–São Borja. Presenta una falla estructural completa y no admite más reparaciones parciales.
  • Ruta Nacional 119 (Corrientes): señalada como “punto rojo” de seguridad vial, especialmente en la zona de Curuzú Cuatiá, por la combinación de tránsito pesado y turístico sobre una calzada deteriorada.
  • Ruta Nacional 120 (Corrientes): une Ituzaingó y Virasoro; el tránsito forestal dejó sectores prácticamente intransitables.
  • Rutas Nacionales A015 y 136 (Entre Ríos): accesos a los puentes de Salto Grande y Fray Bentos, con banquinas descalzadas y agotamiento estructural, pese a su importancia turística y exportadora.
  • Ruta Nacional 1V11 (Santa Fe): atraviesa la zona portuaria y sufre un deterioro crónico que el bacheo repetido no logra revertir.
  • Ruta Nacional 5: usuarios la describen como un “peaje hacia la muerte” por el aumento de tarifas sin mejoras visibles. La variante Suipacha avanza lentamente o permanece paralizada.
  • Ruta Nacional 3: con obras detenidas, especialmente entre San Miguel del Monte y Gorchs. Es un corredor clave para la producción cerealera hacia Bahía Blanca y registra numerosos choques frontales.
  • Ruta Nacional 7: aunque cuenta con sectores de autopista, la variante Chacabuco está paralizada desde 2025. Se reportan baches profundos y falta de iluminación en colectoras.
  • Ruta Nacional 34 (Jujuy–Salta): catalogada de alto riesgo. Las obras para convertirla en autovía quedaron inconclusas tras el abandono de las contratistas y el vencimiento de un financiamiento internacional.

Un problema estructural

Desde FEPEVINA insisten en que la situación requiere una respuesta urgente y sostenida. La falta de inversión y planificación no solo expone a automovilistas y transportistas, sino que también afecta la competitividad de las economías regionales. Mientras tanto, viajar por muchas rutas del país sigue siendo, para miles de personas, una apuesta diaria contra el riesgo.

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