Con plazos electorales inminentes, el peronismo de la provincia de Buenos Aires atraviesa una fuerte disputa de poder. La salida de Máximo Kirchner de la conducción acelera definiciones entre La Cámpora y el sector que responde al gobernador Axel Kicillof.
El Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires entra en una etapa clave de su reorganización interna. Febrero aparece como el mes determinante para definir quiénes disputarán el control del principal distrito electoral del país, en medio de tensiones abiertas entre La Cámpora y el espacio político que conduce el gobernador Axel Kicillof.
El calendario marca dos fechas centrales. El martes 3 de febrero vence el plazo para la presentación de avales, un requisito indispensable para oficializar las candidaturas. Luego, el domingo 8 de febrero será el límite para la presentación de listas que competirán en el comicio partidario previsto para el 15 de marzo.
La conducción actual del PJ bonaerense está en manos del diputado nacional Máximo Kirchner, aunque su salida del cargo ya es un hecho. En ese contexto, distintas fuentes del peronismo coinciden en que ni él ni otros referentes directos de La Cámpora cuentan hoy con chances reales de imponerse en una elección partidaria con proyección hacia 2026.
Ante ese escenario, comenzó a tomar fuerza una alternativa inesperada: la posibilidad de que La Cámpora acepte respaldar al intendente platense Julio Alak como figura de consenso, con el objetivo de frenar el avance de la vicegobernadora Verónica Magario, impulsada por el propio Kicillof.
El gobernador bonaerense apuesta a Magario como candidata para conducir el PJ provincial, destacando su lealtad política y su rol clave en la gestión. Sin embargo, la vicegobernadora mantiene una relación conflictiva con La Cámpora, que ya había intentado impedir su inclusión en la fórmula que permitió la reelección de Kicillof.
Durante ese proceso, el sector camporista promovía como alternativa a Martín Insaurralde, hoy imputado, lo que profundizó las diferencias internas y dejó heridas abiertas dentro del oficialismo provincial.
La importancia del cumplimiento de los requisitos formales no pasa desapercibida en esta disputa. El antecedente reciente del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, quien quedó expuesto por no reunir avales en regla en una interna partidaria nacional, funciona como advertencia para los armadores bonaerenses.
Con los plazos corriendo y las negociaciones en plena ebullición, el PJ bonaerense se encamina a una definición que no solo ordenará su estructura interna, sino que también marcará el rumbo político del peronismo en la provincia de Buenos Aires de cara a los próximos años.