Cada 10 de enero recordamos a Marcelina Meneses, mujer migrante boliviana, asesinada junto a su hijo Joshua Torres en 2001, en un crimen atravesado por el odio, el racismo y la xenofobia.
Ese hecho marcó un antes y un después en la Argentina. No solo por su brutalidad, sino porque dejó al descubierto una violencia estructural que todavía persiste cuando se estigmatiza, se ridiculiza o se deshumaniza a quienes migran.
Por Miguel Saredi
Cuando el discurso de odio vuelve a ocupar micrófonos
Las recientes expresiones públicas de la diputada Lilia Lemoine, con referencias despectivas hacia una mujer migrante y hacia la comunidad boliviana, no pueden relativizarse ni minimizarse.
Llamar “bolita”, degradar por el origen o ridiculizar la identidad de una mujer no es una opinión.
Es racismo. Es xenofobia.
Y cuando ese tipo de discurso proviene de una funcionaria pública, se transforma en un mensaje social peligroso. La violencia simbólica no es inocua: siempre antecede a la violencia real, la habilita y la justifica.
Mujeres migrantes: columna invisible de la Argentina real
Las mujeres migrantes —en particular las bolivianas, paraguayas, peruanas y tantas otras que llegaron a nuestra Patria— sostienen barrios, economías populares, cadenas productivas, redes de cuidado y comunidades enteras.
Son trabajadoras textiles, cuidadoras, feriantes, agricultoras, empleadas de casas particulares, madres y jefas de hogar.
Invisibilizarlas o estigmatizarlas es negar una parte constitutiva de la Argentina contemporánea.
La Argentina se hizo con migrantes, no contra ellos.
El contraste internacional: Argentina o el modelo del descarte
Mientras nuestro país cuenta con una tradición histórica de integración, hoy vemos en Estados Unidos un camino opuesto:
- Deportaciones masivas
- Criminalización de la migración
- Discursos anti latinos
- Muertes evitables, como la de una mujer migrante ocurrida recientemente en Minneapolis
La política impulsada por Donald Trump consolidó una lógica donde el migrante es tratado como una amenaza y no como un sujeto de derechos.
Ese no es el camino argentino.
Nuestra Constitución, nuestra historia y nuestra identidad están del lado opuesto: la inclusión, la dignidad y el trabajo como valores sociales.
En el Día de la Mujer Migrante, reafirmamos una convicción innegociable:
- No se puede naturalizar el odio
- No se puede banalizar el racismo
- No se puede permitir que el desprecio se transforme en política pública
✋ Nunca más racismo.
Nunca más xenofobia.
Nunca más silencio.