El insecto reapareció con fuerza en distintos puntos del conurbano bonaerense. Especialistas explican qué lo atrae, por qué sus mordidas son diferentes a las del mosquito y cuáles son las medidas de protección recomendadas.
En los últimos días, el barigüí volvió a ganar protagonismo en el AMBA debido a su abundancia en barrios próximos a cursos de agua. Aunque no representa un riesgo sanitario grave, su forma de alimentarse genera lesiones que pueden resultar muy incómodas si no se tratan adecuadamente.
Este insecto hematófago, de tamaño diminuto, suele confundirse con una pequeña mosca. Sin embargo, su comportamiento lo diferencia claramente de los mosquitos. En lugar de pinchar la piel, el barigüí muerde, produce un pequeño corte y se alimenta de la sangre que queda expuesta en la herida.
El biólogo Andrés Visintin explicó que esta particularidad es la causa principal de la irritación que sufren las personas afectadas. Al quedar la piel abierta, aumenta la posibilidad de inflamación, picazón intensa e incluso infecciones si no se realiza una correcta higiene de la zona.
Aunque su presencia se asocia principalmente a ríos, arroyos y humedales, los especialistas aclaran que pueden encontrarse a varios kilómetros de distancia. Esto ocurre porque las hembras —responsables de las mordeduras— tienen una notable capacidad de vuelo y desplazamiento.
Los picos de población, según Visintin, están directamente vinculados a factores climáticos. Las temperaturas elevadas y las lluvias abundantes generan condiciones ideales para su reproducción, especialmente cuando el caudal del agua cambia y favorece el desarrollo de las larvas.
En cuanto a la prevención, el barigüí utiliza estímulos similares a los del mosquito para localizar a sus hospedadores. La temperatura corporal, el dióxido de carbono que se exhala al respirar y el ácido láctico presente en la piel son algunas de las señales que los atraen.
Por ese motivo, las recomendaciones para evitar las mordeduras son similares a las habituales contra los mosquitos: uso de repelentes, reducción de la piel expuesta mediante ropa adecuada y evitar actividades al aire libre en momentos de mayor actividad del insecto, especialmente en zonas cercanas al agua.
Desde el ámbito científico remarcan que, si bien la situación genera molestias, no se trata de un fenómeno extraordinario. Se trata de un comportamiento estacional que se intensifica cuando coinciden determinadas condiciones ambientales, como calor y lluvias frecuentes.