Tras la salida de profesionales y la no renovación de contratos, advierten que una política pública fundamental para la salud cardiovascular infantil está siendo desarticulada.
La decisión oficial de discontinuar contratos dentro del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas encendió señales de alarma entre especialistas, exautoridades sanitarias y familiares de pacientes. El programa, considerado estratégico para la atención de bebés con afecciones cardíacas, atraviesa un momento crítico que podría afectar directamente la vida de miles de niños.
Según se conoció, el área de Salud resolvió prescindir de tres miembros del equipo que sostenía el funcionamiento del PNCC. Frente a ese escenario, el resto de los trabajadores presentó su renuncia, al considerar que sin esos recursos humanos resulta inviable continuar con las tareas de coordinación, derivación y seguimiento que caracterizan al programa.
El PNCC cumple un rol central en el abordaje de las cardiopatías congénitas, una de las principales causas de mortalidad infantil. En Argentina, se estima que unos 7.000 recién nacidos por año requieren atención especializada por este tipo de patologías, muchas de ellas tratables mediante cirugías oportunas si existe un sistema que garantice el acceso.
Para Lucía Wajsman, referente en la defensa de esta política pública y una de las promotoras de la ley sancionada en 2023, la situación es alarmante. A su entender, la interrupción del programa implica dejar sin atención a bebés que dependen de una operación cardíaca para sobrevivir, lo que puede traducirse en consecuencias irreversibles.
La excoordinadora del PNCC, Alejandra Villa, también expresó su preocupación y recordó el impacto acumulado durante años de trabajo. Desde su experiencia como cardióloga pediátrica, subrayó que el verdadero éxito del programa fue haber permitido que miles de niños superaran una condición grave, crecieran y se integraran plenamente a la vida social. Esa dimensión humana, señaló, es la que hoy está en riesgo.
Mientras crece la inquietud en el sector de la salud, organizaciones y familias reclaman respuestas y advierten que la continuidad del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas es una cuestión urgente que involucra el derecho a la vida y a la salud de los más pequeños.