El expresidente estadounidense se adjudicó como logro propio el triunfo de La Libertad Avanza y felicitó a su equipo por el resultado. Las declaraciones revelan el peso de los intereses económicos y geopolíticos de Washington en el nuevo escenario argentino.
El mapa político argentino se pintó de violeta y la reacción más efusiva no llegó desde Buenos Aires, sino desde Florida. Donald Trump celebró el resultado de las elecciones legislativas en Argentina como si se tratara de una conquista de su propio movimiento. “Fue una gran victoria en Argentina. Le dimos un fuerte respaldo. Quiero dar crédito a Scot, a James, a Marco, a todos. Estamos obteniendo un fuerte manejo en América del Sur”, aseguró el exmandatario, con un tono que mezcla orgullo y advertencia.

Trump felicitó a Javier Milei por “su aplastante victoria” y destacó que el pueblo argentino “justificó la confianza” del norte. Minutos después, Milei le respondió con gratitud: “Gracias Presidente Donald Trump por confiar en nosotros. Nuestros pueblos quieren vivir en libertad”.
El intercambio entre ambos líderes selló una afinidad política que venía gestándose desde hace meses y que, según fuentes cercanas al entorno libertario, fue acompañada por gestos económicos concretos. La intervención del Tesoro norteamericano a través de la compra de pesos y la habilitación de una línea de rescate de 20 mil millones de dólares fue interpretada en Washington como una inversión estratégica.
Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, expresó abiertamente su entusiasmo: “El pueblo argentino justificó nuestra confianza en él”. Milei no tardó en contestarle con un mensaje cargado de elogios: “Gracias por su apoyo inquebrantable. Esta victoria representa la derrota del socialismo que azotó a nuestra nación por tanto tiempo”.
Las declaraciones de Trump no pasaron inadvertidas en los círculos diplomáticos. La afirmación de que su administración está “obteniendo un fuerte manejo en América del Sur” reavivó el debate sobre el intervencionismo político y económico de Washington. En paralelo, el exmandatario defendió su política hacia el sector agropecuario estadounidense, prometiendo “bajar el precio de la carne sin afectar a los ganaderos”, en respuesta a las críticas internas sobre el aumento de importaciones desde Argentina.
Pero detrás de los mensajes públicos hay un tablero de poder más amplio. Estados Unidos busca consolidar su acceso a los minerales críticos y a las tierras raras del Cono Sur, claves en la carrera tecnológica global. El memorándum de entendimiento firmado el año pasado entre ambos países sobre cooperación en recursos minerales es una pieza central de esa estrategia.
El documento, promovido por la entonces canciller Diana Mondino y el subsecretario estadounidense José Fernández, habilita la exploración y cofinanciación de proyectos mineros. En términos diplomáticos, significa abrir el territorio argentino a la influencia económica de Washington.
Con este telón de fondo, las palabras de Trump cobran un sentido más profundo. La victoria libertaria en Argentina se presenta en el discurso republicano no solo como un triunfo ideológico, sino como un paso hacia la consolidación de un bloque político y económico alineado con los intereses de Estados Unidos en la región.
Desde el norte, Trump lo dejó claro: “Nos estamos aliando con muchos países de América del Sur. Estamos enfocados en América del Sur, y estamos obteniendo un fuerte manejo”. En el sur, Milei lo celebra como si fuera también su propio logro.