Las bajas temperaturas que azotan a gran parte del país durante el invierno dejan en evidencia las desigualdades estructurales que persisten en muchos barrios populares. En este escenario, surge una respuesta innovadora desde el ámbito científico: una estufa social ideada para acompañar a quienes más lo necesitan.
El desarrollo estuvo a cargo de un equipo de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), quienes en 2018 lanzaron en Mar del Plata una propuesta concreta para paliar los efectos del frío en viviendas precarias. La estufa, pensada desde un enfoque social, combina eficiencia energética, seguridad y bajo costo de construcción.
Su estructura, construida con materiales simples como hierro y ladrillos, permite calentar los ambientes mediante la combustión de leña y, al mismo tiempo, cocinar. Esta característica la convierte en una herramienta de uso diario que se adapta a las necesidades básicas de las familias más postergadas.
Uno de los responsables del proyecto, el ingeniero Jeremías Ispizua, explicó que esta tecnología “no solo aporta calor, sino que transforma el día a día de quienes la utilizan”, haciendo hincapié en los beneficios directos sobre la calidad de vida en entornos con infraestructura deficiente.
El valor total para adquirir e instalar una de estas estufas puede llegar a $220.000, aunque el costo de los materiales ronda los $180.000. Para afrontar esta inversión, se impulsó una red de colaboración que incluye aportes solidarios de las propias familias beneficiadas, junto con donaciones de particulares y organizaciones.
Más allá de su valor económico, esta estufa representa un modelo de cómo la ciencia puede estar al servicio de las necesidades sociales, brindando soluciones reales a problemas cotidianos. A medida que se difunde su implementación, crece el interés por replicar esta experiencia en otros puntos del país, como una herramienta concreta contra el frío y la exclusión.