La cumbre del Mercosur realizada en Buenos Aires dejó al descubierto las profundas diferencias ideológicas y estratégicas entre los principales socios del bloque. Con gestos medidos, escasa cordialidad y discursos marcadamente opuestos, el presidente Javier Milei entregó la presidencia pro tempore del grupo a su par de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en un encuentro signado por advertencias de ruptura y visiones contrapuestas sobre el rumbo regional.
El mandatario argentino cuestionó de manera directa la evolución del bloque, al que acusó de haberse desviado de su esencia integradora. “De común ya no queda nada. El Mercosur terminó funcionando como un freno, no como un impulso”, sentenció. En ese marco, dejó abierta la posibilidad de que la Argentina se retire del bloque si este mantiene sus lineamientos actuales. “Si se insiste con este modelo que fracasó, avanzaremos por nuestra cuenta”, advirtió.
Lula, en contrapartida, reivindicó la importancia de la integración regional como herramienta para fortalecer la soberanía y la economía de los países sudamericanos. “Estar en el Mercosur nos protege”, afirmó con contundencia, al tiempo que elogió la expansión de acuerdos con países asociados y defendió el Arancel Externo Común. El presidente brasileño también propuso avanzar hacia una agenda ambiental más ambiciosa, criticando el negacionismo climático con un mensaje implícito hacia el gobierno argentino.
Uno de los momentos de mayor tensión simbólica se dio durante el recibimiento protocolar, cuando Lula debió esperar a ser conducido por el canciller Werthein hasta el lugar del encuentro, en medio de una confusión con la transmisión oficial. El saludo entre ambos mandatarios fue breve y sin entusiasmo. A lo largo de la jornada, la falta de gestos cordiales se mantuvo, a excepción de un abrazo de Milei con el presidente paraguayo Peña.
En cuanto a la agenda oficial, los líderes regionales avanzaron en la propuesta de ampliar a 50 rubros por país las excepciones al Arancel Externo Común, lo cual reviste especial interés para la Argentina en su búsqueda de acuerdos bilaterales con otras potencias, especialmente Estados Unidos.
Al ceder el mando del bloque a Lula, Milei hizo foco en la seguridad, reclamando una estrategia conjunta contra el crimen trasnacional y denunciando violaciones a los derechos humanos en Venezuela. En ese contexto, reiteró su demanda por la liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo.
Llamó la atención la ausencia del presidente brasileño en el almuerzo previsto tras la cumbre. Su decisión de no compartir mesa con Milei fue interpretada como un nuevo gesto de distanciamiento político. Además, versiones no confirmadas indican que Lula podría visitar a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, actualmente bajo arresto domiciliario, antes de regresar a Brasilia.
A pesar de que Milei había mantenido en el pasado una postura crítica hacia el Mercosur y otros organismos multilaterales como los BRICS, en los últimos meses ha suavizado su discurso. Actualmente, busca mejorar sus vínculos con China y otros países emergentes, lo que se refleja en el recibimiento que ofrecerá al primer ministro indio Narendra Modi este fin de semana en la Casa Rosada.
En definitiva, la cumbre del Mercosur expuso no solo un cambio de mando, sino también una grieta profunda en las visiones de integración y política exterior de los principales líderes sudamericanos.