Este año se cumplen 116 años del loteo que marcó el inicio de la urbanización formal de Llavallol, una localidad que combina historia ancestral con desarrollo moderno. Aquello que hoy forma parte del entramado urbano de Lomas de Zamora, alguna vez fue territorio de los querandíes, quienes habitaron estas tierras hasta fines del siglo XVI, cuando fueron exterminados en el marco de la expansión colonial española.
En 1580, Juan de Garay refundó Buenos Aires y, como parte de su campaña, organizó el reparto de tierras. Una gran extensión ubicada entre arroyos y elevaciones naturales fue adjudicada a Pedro López de Tarifa. Décadas más tarde, Francisco García Romero adquirió el terreno y estableció la estancia El Cabezuelo, una explotación ganadera de grandes dimensiones. A lo largo del siglo siguiente, esta propiedad fue dividida y subastada, hasta que el capitán Gaspar de Avellaneda se convirtió en el nuevo propietario de lo que hoy comprende Santa Catalina y Llavallol.

El legado de Avellaneda perduró, y su hija Juana vendería partes del predio a Manuel Antonio de Arrotea. Por esa misma época, los hermanos Robertson adquirieron la zona de Santa Catalina, y fue Guillermo Robertson quien propuso al gobernador Martín Rodríguez fomentar una colonia británica, trayendo inmigrantes escoceses e irlandeses.
El siglo XIX trajo consigo un impulso decisivo: la expansión ferroviaria y la instalación de infraestructura clave. En 1890 se inauguró la Estación de Llavallol, en 1897 se creó el Cementerio de los Disidentes, y en 1902, las autoridades municipales reconocieron a la localidad como un polo industrial en crecimiento. Luego, llegarían otras instituciones fundamentales para la vida comunitaria: el Colegio Euskal Echea en 1904, la cervecería Bieckert en 1908, y la Escuela Nº 31 en 1909, año en que también se llevó adelante el primer loteo, paso decisivo para el desarrollo urbano del lugar.
Ese mismo impulso continuó en la década siguiente. En 1918, la comunidad fundó la Asociación Sportiva y de Fomento, la primera biblioteca pública, su primer equipo de fútbol y la oficina de correos. Ese año también comenzó a circular el primer mensuario local, La Verdad, reflejando la consolidación de una identidad barrial activa y organizada.
Hoy, más de un siglo después de aquel loteo fundacional, Llavallol se presenta como un ejemplo de crecimiento con historia, donde la huella de los pueblos originarios, la influencia europea y las transformaciones industriales y sociales siguen presentes en cada rincón de su geografía.