El radicalismo en crisis: tensiones internas y el riesgo de una ruptura definitiva

Diferencias estratégicas y falta de consenso profundizan la división en la UCR

La Unión Cívica Radical enfrenta una de las crisis más profundas de su historia reciente, con una fractura interna que amenaza con dividir definitivamente al bloque de senadores nacionales. Mientras la conducción del partido mantiene una postura de confrontación con el Gobierno, varios gobernadores y legisladores buscan un acercamiento con La Libertad Avanza.

El detonante de esta nueva crisis ha sido la designación por decreto de los jueces de la Corte Suprema, que puso en evidencia las diferencias dentro del radicalismo. De un lado, aquellos que acompañan las decisiones del oficialismo; del otro, quienes se oponen frontalmente. En este contexto, una reunión clave entre la cúpula partidaria, gobernadores y senadores definirá la postura del partido ante temas sensibles como los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, el DNU sobre endeudamiento y la resistencia de los mandatarios provinciales a la Convención Nacional convocada para abril.

El bloque de senadores, encabezado por Eduardo Vischi, se encuentra en permanente tensión. Gobernadores como Gustavo Valdés, Leandro Zdero y Alfredo Cornejo han priorizado la estabilidad en sus provincias y han optado por acuerdos con el Gobierno para evitar conflictos políticos y económicos. Valdés, en particular, busca asegurar la sucesión en Corrientes sin generar un quiebre con el oficialismo.

Por otra parte, el sector liderado por Martín Lousteau ha adoptado una postura más combativa, lo que ha generado roces con los gobernadores y otros dirigentes. Su convocatoria a la Convención Nacional sin consenso ha sido vista como un movimiento unilateral que agrava la fragmentación del partido. En el Congreso, el radicalismo también enfrenta un panorama complejo: la fractura en la Cámara de Diputados ya se materializó en 2024 y en el Senado la división parece inevitable.

Con gran parte de sus bancas en juego en las próximas elecciones legislativas, el radicalismo se encuentra en un punto de inflexión. La falta de unidad y las tensiones internas refuerzan la incertidumbre sobre el futuro del partido. Aunque el desenlace final de esta crisis no se verá en 2024, sino en 2027, el proceso de fragmentación parece irreversible.