Masiva movilización en Buenos Aires en defensa de los derechos y la diversidad

El centro de la Ciudad de Buenos Aires fue testigo de una de las manifestaciones más multitudinarias de los últimos tiempos. La Marcha Federal del Orgullo Antifascista y Antirracista reunió a cerca de un millón de personas en un acto de resistencia contra el discurso gubernamental que atenta contra la comunidad LGBT+ y los derechos de las mujeres.

Desde temprano, la Plaza del Congreso se convirtió en el punto de encuentro de una convocatoria que nació de una asamblea autoconvocada y que, con el correr de las horas, se multiplicó en distintas ciudades del país y el mundo. La indignación y el deseo de poner un freno a la avanzada de discursos discriminatorios fueron los motores de esta histórica movilización.

La marcha, que partió desde San José y Avenida de Mayo a las 16 horas, estuvo encabezada por travestis, trans, gays, lesbianas y no binaries, quienes sostuvieron una inmensa bandera de 14 metros de ancho confeccionada el día anterior en la vereda del Hospital Bonaparte. «Nunca había ido a una marcha, pero después de lo que dijo el presidente, sentí que debía estar acá», contó Flor, una adolescente de 14 años, reflejando el impacto de las recientes declaraciones oficiales.

Violeta Alegre, activista y DJ trans, destacó la urgencia de visibilizar el antifascismo como una necesidad contemporánea: «No se trata solo del fascismo histórico, sino de cómo se reconfigura en la actualidad a través de nuevas herramientas, como las redes sociales».

La jornada estuvo marcada por el color y la música, con performances de vogueras y expresiones artísticas que reforzaron el carácter festivo y combativo de la movilización. La Columna Mostri, una de las más llamativas, avanzó con un camión adornado con una bandera de peluche rosa y consignas contra el ajuste económico y el fascismo.

Uno de los aspectos más destacados fue la ausencia de represión policial. Un fallo del juez Ramos Padilla estableció un habeas corpus preventivo para impedir detenciones arbitrarias, mientras que el arzobispado porteño solicitó que no se instalaran vallas en la Catedral Metropolitana. Así, la manifestación transcurrió sin incidentes, convertida en una verdadera fiesta popular.

Entre los momentos más emotivos, se destacó la aparición de Lali Espósito y María Becerra en un balcón, lo que generó una ovación de los presentes. También se sumaron referentes de Madres de Plaza de Mayo, con quienes la multitud entonó «Madres de la Plaza, las travas las abrazan».

Lucía Portos, funcionaria del Ministerio de Géneros y Diversidad de la Provincia de Buenos Aires, resaltó la importancia de la marcha como un acto de resistencia y solidaridad: «Es fundamental construir redes que enfrenten la violencia institucional y promuevan la inclusión». Axel Kicillof también participó, acompañado por la columna de la provincia.

Desde el movimiento afrodescendiente, Alejandra Pretel advirtió sobre la necesidad de que el antifascismo sea también antirracista: «Históricamente, ambas luchas han estado entrelazadas porque el fascismo siempre se ha basado en la supremacía racial».

Manuel Sinde, cofundador de El Teje, un espacio de acompañamiento a infancias y adolescencias trans, resaltó el impacto positivo de la movilización: «No solo es una respuesta al fascismo, sino también una muestra de apoyo a quienes hoy sienten miedo y necesitan saber que no están solos».

La convocatoria, que desbordó todas las expectativas, dejó en claro que amplios sectores de la sociedad no están dispuestos a ceder ante discursos de odio. La resistencia se hizo sentir en cada consigna, en cada bandera y en cada abrazo, demostrando que la lucha por los derechos y la diversidad sigue más vigente que nunca.

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