Por Luis Gotte – La Trinchera Bonaerense – Partido ENLACE, MDP
Argentina exporta alimentos al mundo y sus números impresionan: las manufacturas agropecuarias generaron 30.000 millones de dólares en 2023-24, un crecimiento del 37,2% interanual. La soja y el maíz, los grandes motores del comercio exterior, llenan las arcas nacionales, pero dejan vacíos los platos de millones de bonaerenses. En la provincia de Buenos Ayres, este contraste se vuelve escandaloso: la tierra que alimenta al mundo no puede garantizar cuatro comidas diarias al 70% de su población.
¿Cómo es posible que en una provincia que produce en abundancia, la subalimentación siga siendo una tragedia permanente? Las estadísticas revelan el problema, pero los comedores barriales, las ollas populares y las historias de quienes no tienen qué llevar a la mesa lo hacen insoportable. Especialmente en el AMBA y en los municipios más vulnerables, donde el abandono político se siente con crudeza.
La Falta de Autonomía Municipal, un problema estructural
El problema no es solo de voluntad política, sino de estructura. Los intendentes bonaerenses no tienen las herramientas necesarias para abordar de manera integral la crisis alimentaria en sus barrios. Dependientes de decisiones provinciales y nacionales, con presupuestos insuficientes y una autonomía limitada, su margen de acción es mínimo.
La solución pasa por fortalecer a los municipios y devolverles el poder de decisión. Es hora de pensar en políticas alimentarias locales y regionales, lideradas desde las comunas, pero articuladas con actores clave como el INTA y los productores rurales.
De la Caridad al Trabajo Comunitario, propuestas para un cambio de paradigma
No podemos seguir con las viejas recetas de los bolsones de comida que aparecen milagrosamente en épocas de campaña electoral. El asistencialismo electoral no resuelve el hambre; lo perpetúa. Los municipios tienen que liderar un cambio estructural que incluya:
1. Cooperativas de Producción Alimentaria: crear cooperativas locales que elaboren alimentos con productos provenientes del campo bonaerense. Estas cooperativas podrían abastecer a precios accesibles a las familias más necesitadas y generar empleo local.
2. Monedas Locales o Sistemas de Intercambio: implementar vales o monedas sociales que permitan a las familias acceder a alimentos producidos en las cooperativas. Estas monedas podrían usarse también como medio de intercambio entre productores y municipios, permitiendo que los agricultores descuenten tributos municipales a cambio de mejorar la infraestructura local, caminos, luminarias etc.
3. Articulación Regional: los Municipios que tenga importantes periferias agrícolas, deberían trabajar de la mano con el sector rural para impulsar estrategias conjuntas de producción y distribución.
4. Educación y Comunidad Organizada: fortalecer la educación alimentaria y la cultura del trabajo comunitario, donde las familias no solo sean receptoras de ayuda, sino también protagonistas en la solución. Organizarse en torno al sentido de comunidad es la base para salir adelante.
Hambre Cero: una meta Bonaerense
Esta es la verdadera revolución que necesitamos: una provincia de Buenos Ayres con municipios fuertes, con intendentes comprometidos, con comunidades organizadas. Es hora de pensar en grande, pero actuar desde lo local. Lo importante no es exportar millones, sino garantizar que cada bonaerense tenga un plato en la mesa.
Porque, como decía Eva Perón: «donde hay una necesidad, hay un derecho.» Y el derecho a comer no es negociable. Romper con esta paradoja -una tierra fértil donde hay hambre- debe ser el primer paso hacia una provincia más justa, solidaria y federal.
