El Plan Procrear, creado en 2012 para facilitar el acceso a la vivienda, llega a su fin. La eliminación del programa fue confirmada por el vocero presidencial, quien además anunció el lanzamiento de «hipotecas divisibles», una herramienta que busca transferir la responsabilidad de financiamiento al sector privado. En medio de una crisis habitacional, el gobierno de Milei propone así un modelo donde el mercado tendrá un rol protagonista en la construcción y venta de viviendas.
Esta decisión implica que miles de obras comenzadas bajo el Procrear quedarán inconclusas, a menos que sean compradas y finalizadas por desarrolladores privados. Esta medida impacta a más de 17,000 unidades habitacionales, cuya construcción fue paralizada a comienzos de este año. Además, los últimos beneficiarios del Procrear II recibieron instrucciones para cambiar sus créditos hipotecarios a préstamos personales, transformando su financiamiento sin la ayuda de bajas tasas.
El Procrear había sido una política de inclusión urbana que, además de dar acceso a la vivienda propia, impulsó el desarrollo de nuevos barrios. Las líneas de crédito ofrecían financiamiento a tasa cero y plazos de hasta 30 años, y también brindaban prototipos de viviendas diseñados en colaboración con el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat. Los créditos, altamente cobrables, se distribuyeron en todo el país, permitiendo a familias como la de Erika Aisa, quien accedió a su casa en 2015, dejar de alquilar y alcanzar el sueño de la vivienda propia.
El gobierno actual, sin embargo, sostiene que el Procrear generó «viviendas costosas» y argumenta que el mercado será más eficiente en satisfacer la demanda habitacional. Con las nuevas hipotecas divisibles, los desarrolladores inmobiliarios podrán financiar sus construcciones y liberar unidades a medida que avancen los pagos. A través de este sistema, el gobierno busca aumentar la oferta de viviendas, reducir la burocracia y fomentar un crecimiento inmobiliario sin intervención estatal.