EL CAMPO Y LA SOBERANÍA NACIONAL, los ejemplos de la Rusia de Putin y la Argentina de Perón

Luis Gotte – La Trinchera Bonaerense

Al asumir su primera presidencia en Rusia, Vladimir Putin comprendió que su legitimidad y el futuro de su gobierno dependían, en gran medida, de asegurar la estabilidad económica y alimentaria del país. Su primera decisión de gobierno fue convertir al sector agrícola, particularmente la producción de trigo, en una política de Estado prioritaria. Esta decisión implicaba no solo aumentar la productividad del campo, sino también impulsar una modernización integral del sector, utilizando todo el potencial del Estado para mejorar el rendimiento de las cosechas. En particular, el trigo, que es esencial tanto para la producción de harina, base de la alimentación rusa, como para el afrecho, vital para la ganadería, se convirtió en el eje de esta estrategia. Una vez asegurada la producción agrícola, Putin dirigió su atención hacia el desarrollo científico, tecnológico y armamentístico, sentando así las bases para un Estado fuerte y autónomo.

Por otro lado, cuando el Gral. Juan D. Perón asumió la presidencia de Argentina en 1946, parte del problema agrícola ya estaba resuelto. El aparato productivo cerealero y ganadero del país estaba en plena actividad, pero sus frutos no llegaban de manera equitativa a toda la población. El desafío de Perón no era tanto aumentar la producción, sino organizar su distribución para garantizar que los beneficios del crecimiento agrícola alcanzaran a todos los argentinos. Bajo su liderazgo, la política agraria se integró en un proyecto nacional de desarrollo tecnológico e industrial, que buscaba transformar a Argentina en una nación soberana y autosuficiente.

Por el contrario, la situación actual de Argentina dista mucho de esos tiempos. Hoy en día, la falta de planificación y la ausencia de una política agraria coherente han llevado al país a un estado de emergencia social. Con un 55% de la población viviendo en la pobreza y uno de cada cinco argentinos en situación de indigencia, la necesidad de una intervención estatal en el sector agrícola es más urgente que nunca. La historia reciente de Rusia bajo Putin y la experiencia de Perón en Argentina ofrecen valiosos ejemplos sobre cómo una política agraria bien diseñada puede ser la base para un desarrollo integral y sostenido.

En este sentido, es imperativo que los actuales dirigentes tomen nota de estos antecedentes históricos. Es posible diseñar y ejecutar un plan de desarrollo agrícola que no solo garantice la seguridad alimentaria, sino que también actúe como el primer paso hacia un proyecto nacional más amplio, que incluya el desarrollo científico y tecnológico. La experiencia rusa y la peronista demuestran que, con una planificación adecuada y un enfoque decidido, el sector agrario puede ser el pilar sobre el cual se construya una nación fuerte y soberana. La pregunta que queda por responder es si los dirigentes actuales están dispuestos a asumir este desafío y a implementar las políticas necesarias para lograrlo.

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