Una nueva ola de violencia política sacude al país, esta vez con un ataque directo contra una militante de HIJOS, la reconocida agrupación de derechos humanos. En un episodio aterrador, la activista fue sometida a golpes, abusos y amenazas de muerte por dos individuos armados que irrumpieron en su hogar.
El asalto, que tuvo lugar el pasado 5 de marzo, dejó atónita a la comunidad activista y política. Según el relato de la víctima, los atacantes, tras forzar la entrada a su domicilio, la sometieron a una brutal agresión física y verbal. Con palabras cargadas de odio, le advirtieron que no habían llegado para robar, sino para asesinarla, dejando clara su intención de sembrar el terror.
La escena del crimen no solo fue marcada por la violencia física, sino también por un acto simbólico de amenaza política. Los agresores dejaron escrita en la pared la sigla «VLLC», asociada al partido gobernante, La Libertad Avanza, y al presidente Javier Milei, evidenciando una clara intención de vincular el ataque con motivaciones políticas.
La agrupación HIJOS ha denunciado públicamente este atentado, responsabilizando al Gobierno nacional y exigiendo una pronta acción por parte del Poder Judicial para esclarecer los hechos. En un comunicado, la organización destacó que el ataque no fue un acto aleatorio, sino un claro intento de amedrentar y silenciar a quienes luchan por los derechos humanos y la justicia social.

Este no es un incidente aislado, sino parte de una preocupante tendencia de creciente violencia política en el país. Desde la agrupación se señala que este tipo de actos tienen un correlato directo con discursos de odio promovidos desde las más altas esferas del poder, lo que genera un clima propicio para la proliferación de la violencia y la intolerancia.
En palabras de Agustín Cetrángolo, referente de HIJOS, este ataque no solo busca amedrentar a la víctima, sino enviar un mensaje de intimidación a toda la comunidad de derechos humanos. Es un recordatorio doloroso de la necesidad de seguir luchando contra la impunidad y la violencia política en todas sus formas.
El llamado es claro: no podemos permitir que la violencia y el odio se impongan sobre la justicia y la solidaridad. Es responsabilidad de todas y todos levantar la voz contra estos actos de barbarie y trabajar incansablemente por un país donde reine la paz y el respeto por los derechos humanos.