La industria textil enfrenta su peor pesadilla mientras las empresas luchan por sobrevivir en medio de un panorama económico desolador. Ante la situación crítica, las compañías textiles ya se ven obligadas a tomar medidas extremas, adelantando vacaciones y deteniendo sus plantas de producción.
El vicepresidente de Industriales Pymes Argentina (IPA), Marco Meloni, describe la situación como desesperante, advirtiendo que las perspectivas para el sector son aún más sombrías. Con tasas de caída de dos dígitos en el bimestre diciembre-enero, Meloni prevé un empeoramiento en febrero, con costos en aumento y una marcada disminución en el volumen de ventas en el mercado interno.
El sector textil, intensivo en mano de obra y conformado mayormente por pequeñas y medianas empresas, emplea a cerca de 400,000 personas, en su mayoría mujeres. La crisis amenaza con dejar a estas empresas en la lona, llevándolas a evaluar medidas drásticas como adelantar vacaciones, reducir turnos e incluso considerar cierres temporales de hasta tres meses.
Meloni, en diálogo con medios locales, revela la cruda realidad que enfrenta su empresa, destacando la posibilidad de adelantar vacaciones en marzo-abril y la eliminación de turnos nocturnos, lo que podría desencadenar despidos masivos si el mercado interno no se reactiva.
El escenario sombrío se complica aún más con el encarecimiento relativo en dólares debido a políticas cambiarias y aumentos en los costos que superan el 50%. Meloni compara la situación actual con episodios pasados de crisis económicas que ahogaron la rentabilidad del sector, especialmente cuando se levantaron controles a las importaciones, poniendo en riesgo la competencia con productos extranjeros desregulados.
El think tank Fundar destaca en su investigación los ciclos productivos del sector textil, señalando la historia de crisis desde la última dictadura militar hasta las recesiones de la década de 1990 y la reciente contracción económica a partir de 2018. La eliminación de controles a las importaciones y la falta de subsidios al sector productivo han contribuido a la difícil situación actual.
El colapso del sector textil se vislumbra como una realidad inminente, con empresas al borde del abismo y miles de empleos en riesgo. La incertidumbre económica, combinada con la posibilidad de importaciones desreguladas, crea un escenario sombrío que amenaza con sumir a la industria textil en una crisis sin precedentes.