Pesadilla en ruedas: Usuarios de la Zona Oeste denuncian el caótico funcionamiento del transporte público en enero

Colectivos deteriorados, largas esperas y frecuencias reducidas generan malestar entre los usuarios de la región

En medio del verano, los residentes de la Zona Oeste del Área Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires experimentan un verdadero calvario al utilizar el transporte público. Pasajeros indignados denuncian el mal funcionamiento de los colectivos, con largas filas, esperas de hasta una hora y unidades en estado deplorable.

El deterioro generalizado de las unidades y las demoras en las paradas han llevado a una disminución significativa de la frecuencia del transporte público, según revela un sondeo entre diferentes usuarios. Hernán Acosta, un usuario frecuente de las líneas 218, 88 y 86, lamenta que «parece como si todos los días fueran feriados», refiriéndose al notorio declive en la cantidad de colectivos en circulación.

Ignacio Ferretty, residente de La Matanza, señala que a partir de las seis de la tarde muchas líneas reducen su tramo y la mayoría disminuye su frecuencia, convirtiendo la espera en una verdadera «lotería». Esta situación no solo afecta a los pasajeros, sino que también genera complicaciones en el presentismo laboral, como destaca Ferretty, quien trabaja en una pyme por la zona.

La calidad de las unidades también está en entredicho, como expone Milagros Ferretty, quien relata haber viajado en colectivos con asientos completamente rotos. A pesar de las promesas de mejorar las condiciones después del trágico asesinato de un colectivero en 2023, los problemas persisten.

La falta de regularidad en las zonas transitadas, como Laferrere, Rafael Castillo y Virrey del Pino, agrava aún más la situación. Los pasajeros experimentan notables reducciones en la frecuencia durante la noche, llegando a esperar hasta una hora y media por un colectivo que nunca llega.

Marianela Romero, empleada del Conicet, denuncia que la línea 320, que solía tener una frecuencia de quince minutos, ahora puede demorar hasta cuarenta minutos. Esto no solo afecta el traslado al trabajo, sino que también alarga considerablemente el regreso a casa, especialmente para aquellos que dependen de una combinación de colectivos y trenes.

A medida que enero avanza, los problemas persisten, sumándose a una serie de complicaciones ya existentes en el transporte público, desde la quita de subsidios hasta paros a nivel federal. Aunque las empresas y el Gobierno aseguran que la situación se ha estabilizado, los vecinos de la Zona Oeste sostienen que el servicio sigue funcionando de manera deficiente, generando constantes dificultades para los viajeros.

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