«…Gramsci defendía la estrategia de una revolución pausada y no violenta que se infiltrase en la cultura occidental durante un largo periodo de tiempo… para destruirla desde dentro”.
Fue el primero en proponer la aplicación de fórmulas psicológicas para acabar con las tradiciones, las creencias y la moral que constituían el basamento de un sistema cultural, de tal forma que, además, la gente no tuviese posibilidad de resistirse. Sus palabras dejaban poco lugar para la duda: «el mundo civilizado ha sido saturado de cristianismo durante dos mil años. Por ello, una tal cultura, basada en tal religión, sólo puede ser vencida desde dentro…»
El gran problema del camarada es que, no plantea la fórmula de reemplazo del “Homo cristianus” para llegar al “Homo Socialistus”.
Si lo hará la belga Mouffe, junto al argentino Laclau. Ambos utilizarán como campo de ensayo a la Argentina, a través de Carta Abierta, financiada por el gobierno de centro-izquerda.
La complicación que tendrá este grupete es estar carentes, flojos de papeles, de una comprensión de la realidad, se mueven en marcos teóricos que aún siguen discutiendo. El globalismo fue más rápido de reflejos…sintetizaron a Gramsci con el populismo laclausiano para la construcción del hombre nuevo: el “homo peter panus”.
Eternamente jóvenes y descomprometidos. Totalmente líquidos.
¿Cómo lo consiguieron? Primero nos desculturizaron, nos desnacionalizaron, nos deshispanizaron, nos deshumanizaron y nos están descatolizando. Un pueblo sin ideología, es un pueblo sin alma. Sin espíritu de lucha. Sumergieron la resistencia.
Nos fracturan generacionalmente. Nos uniforman generacionalmente.
A los insubordinados los cancelan; y a los dóciles, adolescencia eterna. ¿Dónde empieza la niñez, la juventud, la adultez, la ancianidad? ¿Qué los distancia a unos de otros?
Un chiquito de 5 años se enfrenta al mismo desafío que su abuelo de 70, llegar a la siguiente etapa del juego de su consola. Ponen pausa, y continúan al siguiente día.
El tiempo queda congelado en una misma realidad virtual para todos. Vivir en la más completa soledad del ser.
No saben que la vida es mortal, pero el sistema viene guardando este secreto en un mutismo total.
Las palabras, las ideas, el sacrificio, la autoridad y el orden, la razón, el compromiso, son entes del pasado. Salvo para los conectados en red, la lealtad y la fidelidad es casi una cuestión de honor.
Sin realidad no hay Patria. Sin contacto no hay nación, sin mirarnos no hay historia. Solo se vive en permanente alienación que nos esclaviza.
Mientras eso sucede, vamos llenando un vacío, la falta de relación humana, de amor, de contención, de una mirada, por un consumo compulsivo de manufacturas extranjeras hechas con nuestra propia materia prima.
El gran triunfo de la globalización. La gran derrota de la persona humana, humanista y cristiana.
Desaparecerán las familias y los pueblos, se debilitarán las tradiciones y se individualizará tanto la sociedad que seremos entes aislados, sin relaciones ni conexiones de ningún tipo. No obstante, Mark Zuckerberg nos asegura que nada se pierde, que todo se transforma y lo podremos comprar en su Metaverso.
«Teníamos más de lo necesario. No sabíamos que era valioso y que no lo era» El Libro de Eli, película con Denzel Washington, 2010.
Luis Gotte
La pequeña trinchera
