Luis Gotte: Sencillamente…Evita!

El hacer que el decir, el realizar que el prometer, la acción por los pobres posee un nombre: EVITA.

Proclamado el Cnel. Juan Perón presidente de la Nación Argentina, fue ella su más leal colaboradora, apostándose a su lado eternamente. Comenzando con la Cruzada de Ayuda Social forjará sueños levantando barrios de viviendas accesibles, inaugurando hogares de tránsito, comedores escolares, entregando instrumental a hospitales, concretando obras de salubridad y saneamiento en arrabales humildes, suministrando artículos y herramientas, colectando juguetes para los niños desheredados…porque en esta nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.

Su personal enfoque en la concepción de poder (el poder en acción), como su carácter resuelto, su atrevimiento y voluntad, le permite ser una creadora de decisiones para abrir camino en las actividades que se propone, sin una burocracia actuante, ejecutante. El 19 de junio del ’48 surge la Fundación Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, que obtiene su personería jurídica en julio de ese año. Desde el 25 de septiembre de 1950 se denominará “Fundación Eva Perón”.

En Evita irrumpe la idea de modificar el tradicional concepto de ‘beneficencia’ («la que hacen esas gallinas oligárquicas!»), y su reorientación dentro del programa revolucionario del Justicialismo.

Da a conocer en el Ministerio de Trabajo, el 28 de agosto de 1948, la declaración de los Derechos de la Ancianidad, que pone en manos del Sr. Presidente, solicitándole se incorpore en la Constitución Nacional de 1949. También obtuvo la sanción de la ley que concederá pensiones a los mayores de 60 años sin protección.

Desde la Fundación se emprendieron la construcción de Hogares de Ancianos, el primero fue inaugurado el 17 de octubre de 1948, en Burzaco, y muchos otros se erigirán en el interior del país.

La instrucción, el entretenimiento y la salud infanto-juvenil fueron objeto de su inquietud. Se concretó un plan para escolarizar el país con escuelas agrícolas, de talleres, jardines de infantes y maternales. La Ciudad Infantil, única en el mundo, destinada a niños de dos a siete años, huérfanos o que no podían ser asistidos por sus padres y la Ciudad Estudiantil, residencia de estudiantes del interior del país, sin familia en Buenos Aires, forman parte del plan educativo. En febrero de 1950, se dispone el Plan de Turismo Infantil, que permitirá a los críos conocer la geografía de nuestro país, invisibles a sus ojos; y junto a las colonias de vacaciones y los campeonatos y competencias entre los adolescentes, fue la ocasión para la revisación médica de más de 300.000 infantes.

El Hospital de Lactantes y de Epidemiología infantil, la Clínica de Recuperación Infantil de Jujuy son algunas realizaciones de la Fundación en el ámbito de la salud de los niños. Incluyendo la construcción, en 1955, del Hospital Nacional de Pediatría, que se mantendrá por años inacabable.

La labor de Evita consagrada a los chicos y a los jóvenes está forjada en su convencimiento de que “el país que olvida a sus niños renuncia a su porvenir”.

Además, la cuestión de albergues transitorios para mujeres llevó a la construcción y sustento de hogares de tránsito en Capital Federal, como en el interior. El Hogar de la Empleada “Gral. San Martín” resuelve la problemática de las mujeres sin hijos que venían a trabajar. El mismo disponía de un comedor al que Evita frecuenta para ir a cenar al concluir su jornada, relatan los testigos de época. En él se congregaba un grupo de compañeros, la peña “Eva Perón”, que animaban el cenáculo con charlas y lecturas diversas.

Se construyeron viviendas para obreros, como el barrio Presidente Perón y la Ciudad de Evita, solucionando el problema a más de 25.000 familias. En la asignatura salud, la Fundación edificó policlínicos en Ezeiza, Avellaneda, Lanús y San Martín, de la misma manera en el interior del país; y entregó flamantes equipos técnicos a otros centros médicos. Se debe mencionar el Tren Sanitario Eva Perón, abastecido por un moderno instrumental, cumplía con la tarea de relevamiento y protección de la salud de las poblaciones más alejadas de las unidades hospitalarias. Se inaugura la Escuela de Enfermeras, en septiembre de 1950, una de las obras más querida por Evita.

Todas sus realizaciones fueron seguidas y supervisadas en su ejecución y puesta en marcha por Eva en persona. Las obras se inauguran en el momento en que se ponían en ejercicio, no antes.

En cuanto a la procedencia de los fondos que se utilizan para su cometido, y que han sido objeto de arduas discusiones, sus balances nos indican el origen de los mismos: donaciones en efectivo provenientes mayoritariamente de los sindicatos, adjudicación de recursos por vía del Poder Legislativo, de particulares y empresas, convenios colectivos de trabajo, impuestos, alquileres, etc. Aparte de los aportes de la cuenta Ministerio de Hacienda -Obras de Ayuda Social-. No obstante, circularon forzadas versiones según las cuales parte de los mismos provenían de donaciones obligadas, siendo su denegación motivo de persecuciones. Se cita, p.ej., el caso de la fábrica de caramelos “Mu-Mu”.

Si estas formas de contribuciones hubieran existido en gran número y se diera de manera sistemática los perjudicados las habrían denunciado después de septiembre de 1955, con la ‘Revolución Libertadora’. O durante la Comisión Investigadora encargada de intervenir a la Fundación, e Isaac Rojas habría aceptado las denuncias con sumo agrado. Es de creer que no las hubo en cantidades relevantes, pues de ser así el informe del cuerpo las habría hecho públicas y no se hizo.

En la medida que Evita extendía las fronteras en popularidad y logros, se amplía las críticas desde la oposición y de algunos detractores peronistas. Sostenían que eran tareas impropias de una primera dama, la suma de expresiones del rencor, una peligrosa influencia sobre Perón o codicias de poder. Quizás, lo que impugnaban no era lo que decidía, sino como lo resolvía y porque lo concretaba una mujer. En todo caso, Eva nos muestra con su ejemplo que, en una sociedad que desvaloriza la idoneidad de una mujer respecto al hombre, el poder político del que es receptora lo concibió para trabajar y cumplir y no para discursear o sermonear. Para ella la política es hacer.

Con todo, la nobleza de su espíritu laborioso es doblegada por una cruel enfermedad. El 22 de agosto, el Cabildo Abierto del Justicialismo le reitera el pedido de aceptación al cargo de vicepresidenta de la Nación. Evita habla a su pueblo, el 31 de agosto, por la cadena nacional de radiodifusión, anuncia: “es mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo quisieron honrarme”.

La dupla Perón-Quijano gana la presidenciable del mes de noviembre. Evita vota en su lecho de enferma por primera y única vez. Como lo hace desde el 21 de octubre de 1945, acompaña a Perón en el acto de asunción de su segundo mandato. Fue su última presencia ante su devoto pueblo.

Y en un sábado dolorido y apesadumbrado, del 26 de julio, es reclamada por Dios. En los millares de rostros de compañeros y compañeras, que le ofrendan sus lágrimas en este temporal adiós, está presente toda su obra. Con tan sólo 33 años, Evita ha dado una razón a su vida y contribuido enérgicamente a afianzar la revolución pacífica del peronismo en lo político, social y cultural. Le dio un rostro humano. Colaborando en lograr la felicidad de todos nuestros descamisados argentinos.

Fue audaz sin renunciar a la prudencia; fuerte, sin olvidar la feminidad atenta; poderosa frente al propio dolor y débil ante el dolor ajeno, especialmente de los niños; rebelde contra la injusticia y sumisa con la bondad; humilde con los pobres y altiva con la prepotencia de los oligarcas. Interpretó a conciencia nuestra filosofía simple práctica profundamente humanista y profundamente cristiana, honrando su vida para cumplir su inmortal destino.

Hoy los gorilas mataron a la Patria, y los burros al Justicialismo. Mancillaron el nombre de Perón, traicionaron el de Evita. Son peores que aquellos que escribieron: “viva el cáncer”.

Luis.Gotte.com
La pequeña trinchera

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