Arcor y Danone avanzan sobre La Serenísima y redefinen el mapa alimenticio argentino

La histórica láctea cambia de control tras años de disputas y negociaciones. El movimiento consolida un nuevo esquema integrado que promete impactar en toda la industria.

El negocio de los alimentos en Argentina atraviesa una transformación de gran escala tras concretarse el avance de Arcor y la multinacional francesa Danone sobre el control total de Mastellone Hermanos, la empresa detrás de la emblemática marca La Serenísima.

La operación, que se gestó durante más de una década, implica la adquisición del paquete accionario que aún permanecía en manos de la familia fundadora y del fondo de inversión Dallpoint. De esta manera, la sociedad conformada por ambas compañías —a través de Bagley Argentina— logra unificar la gestión de una de las firmas más influyentes del sector alimenticio nacional.

Un proceso que comenzó hace más de diez años

El desembarco de Arcor y Danone en Mastellone no es reciente. El vínculo se remonta a 2015, cuando ambas compañías ingresaron al capital de la láctea mediante un acuerdo que incluía la posibilidad de avanzar progresivamente hasta el control total .

Con el paso de los años, esa participación creció hasta alcanzar cerca del 49 %, mientras que el resto permanecía en manos de los herederos de Pascual Mastellone y socios financieros. El contrato original contemplaba una cláusula que habilitaba la compra del porcentaje restante, lo que finalmente terminó activándose .

Sin embargo, el camino no fue lineal. La operación atravesó tensiones, desacuerdos por la valuación de la empresa e incluso la amenaza de judicialización, en medio de diferencias significativas entre las partes sobre el precio de las acciones .

Una empresa clave en crisis y reconfiguración

El cambio de control ocurre en un contexto complejo para Mastellone. La compañía arrastró en los últimos años pérdidas millonarias y dificultades financieras, en un escenario marcado por la suba de costos, la caída del consumo interno y una mayor competencia en el mercado .

Esa situación aceleró la necesidad de redefinir su estructura y consolidar un modelo más eficiente. Hasta ahora, la operatoria presentaba una particularidad: la marca La Serenísima estaba dividida en su explotación.

Por un lado, Mastellone conservaba la producción de leche fluida, manteca y quesos. Por otro, Danone gestionaba las líneas de yogures y postres refrigerados bajo la misma marca.

El nuevo esquema elimina esa dualidad. El objetivo es integrar toda la cadena —producción, industrialización y comercialización— bajo una única conducción empresaria, lo que permitiría optimizar costos, mejorar la logística y fortalecer la competitividad.

Impacto en el mercado y proyección

La consolidación de este modelo integrado posiciona a la alianza Arcor-Danone como uno de los actores más poderosos del sector alimenticio argentino. La estrategia no solo apunta al mercado interno, sino también a potenciar exportaciones en una industria con fuerte capacidad de crecimiento.

En el sector se interpreta este movimiento como un paso hacia una mayor concentración, en un contexto donde las grandes compañías buscan escala para sostenerse frente a la volatilidad económica.

Además, la operación marca el cierre de una etapa histórica: La Serenísima, fundada en 1929 y durante décadas asociada al liderazgo de la familia Mastellone, deja de estar bajo control familiar para pasar a una estructura corporativa global.

Un nuevo capítulo para una marca emblemática

El traspaso accionario no solo redefine la propiedad de una empresa, sino que también reconfigura el equilibrio dentro de la industria alimentaria argentina.

Con Arcor y Danone al frente, La Serenísima inicia una nueva etapa, en la que la integración total del negocio aparece como la principal apuesta para enfrentar los desafíos del consumo, la competitividad y la expansión internacional.

El desenlace de esta operación, considerada una de las más relevantes de los últimos años en el país, abre interrogantes sobre el futuro del mercado, pero deja una certeza: el mapa de los alimentos en Argentina ya empezó a cambiar.

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