En un contexto de cambios políticos y crisis económica, la Confederación General del Trabajo (CGT) enfrenta desafíos internos y externos que ponen a prueba su unidad. A diferencia de otros períodos de tensión, la central obrera ha logrado sostener su estructura, incluso tras la salida de Pablo Moyano, una figura clave dentro del movimiento sindical.
Históricamente, los conflictos internos de la CGT han llevado a divisiones que dieron lugar a centrales obreras paralelas. Sin embargo, en esta etapa, las diferencias no han sido suficientes para una ruptura. Por el contrario, algunos sectores que en el inicio del gobierno de Javier Milei reclamaban una conducción política más combativa han comenzado a acercarse a los espacios internos del Partido Justicialista (PJ).
En este sentido, la CGT ha mostrado cierta afinidad con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, y se especula con la posibilidad de que el mandatario bonaerense se distancie de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. A su vez, algunos dirigentes sindicales, como Héctor Daer, observan con atención los pasos de Sergio Massa, quien continúa siendo un referente dentro de determinados sectores gremiales.
Por otro lado, hay un núcleo de trece sindicatos con una mayor cercanía a Fernández de Kirchner, entre los que destacan el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), La Bancaria, los Canillitas y la Unión Ferroviaria. A este grupo se suman gremios no afiliados a la CGT, como la Asociación del Personal Aeronáutico y el sindicato de judiciales liderado por la diputada Vanesa Siley.
La configuración sindical no es homogénea. Existen agrupaciones con intereses diversos, como el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) y la Corriente Federal de Trabajadores (CFT), que históricamente se identificó con el kirchnerismo, pero que en el último tiempo ha buscado cierta autonomía. En contraste, un pequeño sector sindical, liderado por el gastronómico Luis Barrionuevo, ha adoptado una postura crítica hacia el kirchnerismo y ha relanzado su partido político Trabaj.Ar, con el apoyo de figuras como Carlos Acuña, Roberto Fernández de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y el dirigente panadero Rubén Aguiar.
El acto encabezado por Barrionuevo expuso la fragmentación dentro del sindicalismo peronista. Mientras su sector buscó diferenciarse del kirchnerismo, no logró sumar el respaldo de los gremios más influyentes ni de las delegaciones regionales de la CGT.
En este complejo escenario, la conducción de la CGT mantiene su estrategia de diálogo con el Gobierno, al tiempo que sigue de cerca las disputas internas del PJ. Sin embargo, fuera de los debates políticos y los alineamientos estratégicos, la realidad social muestra que la tranquilidad sindical contrasta con la creciente crisis económica y la incertidumbre laboral.
Foto de portada: La cúpula de la central obrera sale de un encuentro en la Casa Rosada.